Pedro Sánchez deambula por Bruselas como el Pequeño Nicolás se infiltraba en los saraos del PP buscando la foto y el apretón de manos para el álbum de su narcisismo infantil y para el relicario de su cretinismo patológico.

El Pequeño Nicolás nos contaba que era íntimo amigo de todos los bramanes del PP con la  misma estúpida facundia con la que Pedro Sánchez nos ha contado que en veintiocho segundos de trote cochinero al paso de Joe Biden le habló al Presidente estadounidense del Pentateuco de la política internacional.

Y se ha quedado tan ancho, como el Pequeño Nicolás. En Bruselas se está descojonando hasta el Manneken Pis, pero nuestro Pequeño Nicolás de la Moncloa está más contento que Pablo Iglesias viendo como le patean la cabeza a un policía, porque ya tiene su foto con Biden.

Pedro Sánchez ha demostrado que es un cobarde, ha evidenciado que es un felón y nos muestra cada veintiocho segundos que le adornan todas las virtudes del  miserable congénito. Ahora nos acaba de demostrar que, además, es un friki papanatas capaz de rebozarse en el ridículo, personal e institucional, por hacerse una foto con Biden.

Una foto progresista, claro, y no como la de Colón, que es la foto de la carcundia bunkerizada en la derecha que ruge, sin líderes y sin pastores, porque Pedro Sánchez balcaniza España a más velocidad de la habla con un césar yanqui que ni se digna a mirarle, porque sus chicos de la CIA y del Pentágono le han soplado que es el hispano tonto que le pasa la bayeta en Europa a los tiranosaurios comunistas del sur de Río Bravo. A Joe Biden le susurraron en el pinganillo: “Mr. President, a ese espontáneo que se le ha colocado al lado, ni puto caso que es el hermano tonto de Zapatero”. 

Dicho y hecho, ni puto caso.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )