PEDRO SÁNCHEZ, EL VANIDOSO

Hay políticos que sólo aciertan cuando rectifican. Y muchos quieren ver estos días en Pedro Sánchez un apóstol de tal doctrina. Sin embargo, con el vidrioso asunto de la inmigración, por más confundidos que el Gobierno nos tenga con sus vaivenes, el presidente está empecinado en el error. Y, así, cuando parecía que había aprendido la lección de lo rápido que se le volvió en contra el postureo con el Aquarius I, nos sirve en los morros ración doble con el Aquarius II.

Los esfuerzos de Moncloa para espolear a sus socios comunitarios ante un desafío como el migratorio son loables. Pero, a partir de ahí, sí hay un tema en el que quien se ponga al frente de la manifestación lo tiene todo que perder, es éste. En esta materia, cualquier gobernante responsable debe trabajar mucho, pero en silencio, sin dar la nota, sin ataques de vedetismo, sin autobombo.

De lo contrario, puede parecer que quedas bien un segundo -Sánchez se creyó nada más llegar a La Moncloa que con su mediático gesto solidario se había ganado el Princesa de Asturias de Cooperación o el Nobel de la Paz, pobre-, pero al minuto siguiente ya has decepcionado a todo hijo de vecino, empezando por quienes más jalean tu bonhomía. Porque con la inmigración ningún esfuerzo es suficiente. Todo lo que se hace es una gota de agua en el océano.

Y de ahí que, por vanidosos, se hayan vuelto a meter otro gol en propia puerta Sánchez y su sanchopanzaCalvo con sus autoalabanzas exageradas sobre el rol mesiánico de nuestro presidente, gracias al cual la Unión Europea habría visto al fin la luz y ya es capaz de repartir a los migrantes entre los distintos países miembros al modo en que en Plácido se distribuía a los mendigos en casas pudientes para pasar la Nochebuena. No es lo más grave que con tanta propaganda se haga el ridículo internacional, porque enseguida sale Macron, más petulante aún que Sánchez, a desmentirte con tal de darse el pisto él.

No, lo más grave es la sinsustancia del Gobierno, que parece no comprender lo poco que tiene que ganar al erigirse, sin que nadie se lo pida, en la gran ONG mediterránea a la que todos miran ya y piden cuentas cada vez que un Aquarius vaga por nuestro ‘mar de muerte’. Sánchez y Calvo no van a poder traerse aquí a todos los barcos, ni van a lograr que siempre salgan al quite Portugal o Luxemburgo.

No, lo único que desgraciadamente va a pasar es que este Gobierno, como todos, decepcionará – mucho- al aplicar el realismo migratorio, que es el único que en verdad aceptan los votantes. Y, ay, Sánchez se quedará sin el Nobel y sin crédito por no ser capaz de rectificar a tiempo y mantenerse en segundo plano en la foto.

Eduardo Álvarez ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor