PEDRO SÁNCHEZ, EN EL LABERINTO DE LAS URNAS

La pasión por el poder no le faltó a Pedro Sánchez cuando en el mes de junio se hizo cargo del Gobierno de España, tras una fulminante moción de censura que acabó con el mandato de Rajoy. Pero el flamante jefe del Ejecutivo incurrió en el pecado que advierte Weber. Falta de realismo y de distanciamiento para darse cuenta de que lo que le esperaba no era precisamente un sendero de gloria. Cuatro meses después de entrar lleno de pasión en La Moncloa, Pedro Sánchez afronta el fracaso de muchas de sus ilusiones y esperanzas.

El viernes pasado, un Gobierno con tan pocos meses de vida se hizo la tercera fotografía con los ministros al completo. Demasiadas fotos en las escalinatas de La Moncloa para un Ejecutivo recién nacido.

La pasión de Sánchez, alimentada por la extraordinaria acogida que tuvo la formación de su Gobierno en la sociedad española, llevó al presidente a iniciar su mandato como si acabara de salir de las urnas con suficiente mayoría para llevar a cabo su programa. Esto es. Con anuncios casi diarios de reformas políticas y económicas de gran alcance y envergadura para las que no disponía de mayoría parlamentaria. Anuncios que fueron quedando suspendidos en el aire.

La pasión, la fe o la buena voluntad llevaron a Pedro Sánchez a organizar un cálido y empático encuentro en La Moncloa con el presidente catalánQuim Torra. Tres meses después, ese cortejo del diálogo con el independentismo ha naufragado, aunque nadie puede decir que sea culpa del presidente del Gobierno español. Él ha hecho lo posible por «normalizar» las relaciones.

El realismo de estos acontecimientos de octubre, aniversario de aquel otro octubre de naufragios, se ha impuesto a la fe de Pedro Sánchez. Siempre podrá decir el Gobierno -como dice- que estamos mejor que el año pasado. Y resaltar en positivo la recuperación del diálogo administrativo con la Generalitat de Cataluña, suspendido tras la aplicación del 155.

El presidente del Gobierno tiene ante sí un calendario político que es un auténtico laberinto lleno de urnas por todas partes. Su camino hacia una posible convocatoria anticipada de las elecciones generales está condicionado por los procesos electorales ya previstos -andaluzas, municipales, autonómicas y europeas- o anunciados oficiosamente, como las elecciones catalanas que Torra pretende convocar después del juicio a los líderes independentistas.

Las fuentes consultadas no ven realista una convocatoria anticipada de generales a un año vista, a pesar de todas las incertidumbres. Hay pocas fechas libres de urnas. Todo indica que la presidenta andaluza adelantará sus comicios a diciembre, y ya ha dejado claro que no coincidirán con las generales.

Lucía Méndez ( El Mundo )