PEDRO SÁNCHEZ, EN MANOS DE PUIGDEMONT

Si la gobernabilidad de España ya se antojaba una misión casi imposible por la extrema fragilidad parlamentaria de Sánchez y lo complicado que resultan los malabarismos para contentar a una amalgama de socios tan heterogénea, desde ayer se añade el hecho vergonzoso de que en última instancia está en manos del prófugo Puigdemont. Como si de una comedia negra se tratara, hemos llegado a esta insoportable paradoja.

El político que puso en jaque al Estado de derecho con un golpe para acabar con España, hoy no esté rindiendo cuentas ante la Justicia -por mor de la estulticia de unos magistrados alemanes-, y para colmo tiene la llave para hacer implosionar cuando le plazca al Gobierno de la Nación.

El decisivo congreso del PDeCAT se ha cerrado con el peor resultado de los posibles para Sánchez. Puigdemont, desde su exilio dorado, ha defenestrado a Marta Pascal, coordinadora de los antiguos convergentes desde 2016 y rostro del ala más pragmática del soberanismo catalán. Y ha conseguido que el partido, aun a costa de dinamitarlo -las votaciones de ayer demostraron que se ha roto en dos-, se vaya a disolver como un azucarillo en el movimiento independentista con el que el mesiánico ex presidente pretende asaltar los cielos.

Puigdemont ya controlaba la Generalitat a través de su títere Quim Torra. Y tiene secuestrada la política catalana, donde asistimos nada menos que a un cerrojazo del Parlament tras el choque de JxCat y ERC por su desacuerdo para aplicar la suspensión de los diputados procesados por el Supremo. Pero ahora se hace también con las riendas del PDeCAT para ponerlo a su servicio personal, y eso incluye un control mucho más férreo de los ocho decisivos diputados en el Congreso, cuyos votos son imprescindibles mientras dure la legislatura para que Sánchez pueda aprobar cualquier medida, como lo fueron para que saliera la moción de censura que descabalgó a Rajoy -recordemos que Puigdemont se inclinó por la abstención frente a los cálculos que se impusieron de la ahora caída en desgracia Pascal-.

Qué cara se cobrará la pieza el huido. Por lo pronto, ayer amenazó con que bloqueará toda acción de Gobierno si el Estado no frena “la represión” contra los dirigentes independentistas presos o fugados como él. Así, no es exagerado decir que España se encuentra en un estado de excepcionalidad política difícil de digerir.

Sectores convergentes no pudieron disimular ayer su malestar por las maniobras del ex president. Pero pesa más la advertencia de Artur Mas:”La desunión es el veneno que puede liquidar el soberanismo”. Y, por lo pronto, el PDeCAT se tira al monte y abraza la “unilateralidad” para “hacer efectiva la república lo más pronto posible”. Al Gobierno le va a resultar difícil contentar mucho tiempo con señuelos a unos socios a los que sólo les sacia lo imposible, máxime cuando su cabecilla no tiene ya nada que perder.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor