PEDRO SÁNCHEZ ES LA REENCARNACIÓN DEL MITO NARCISO

Muchos de ustedes habrán oído decir de alguien que es un narciso, esto es, según el Diccionario de la RAE, un “hombre que cuida demasiado de su arreglo personal, o se precia de su atractivo, como enamorado de sí mismo”. La acepción del término procede el personaje mítico Narciso, que tanto en la versión griega como en la latina, era un joven muy bello y vanidoso, que rechazaba a todas las doncellas que al verlo acababan enamorándose de él.

Por despreciar a una ninfa, llamada Eco, fue castigado por la diosa Némesis, haciendo que, tras verse reflejado en el agua cristalina de un lago, se enamorara de su propia imagen. De tal suerte que, al verse, quedó absorto ante su propia figura, fue incapaz de separarse de ella, y acabó arrojándose a las aguas. En aquel lugar, dice la leyenda que nació una hermosa flor llamada en su honor narciso.

Pedro Sánchez se parece al joven Narciso, aunque con alguna diferencia relevante. Así,  desde que ocupa el cargo de presidente del Gobierno, Sánchez, como el joven Narciso, no deja de cuidar su imagen personal, y hasta tal punto está encantado de su apariencia que parece enamorado de sí mismo. Otro punto en el que se parece a Narciso es su dedicación a la vida contemplativa: todo parece indicar que desde que se ha visto en un espejo no hace más que mirarse.

Los españoles no hemos podido ver a día de hoy los resultados de su trabajo: salvo el de auto contemplarse. Eso sí, como depende del voto de los electores, comparte su “bella vida” con nosotros: nos enseña cómo hace footing, cómo juega con su perro, sus manos, sus gafas y sus gustos en música moderna.

En lo que se diferencia del mítico Narciso es en que no parece que las jóvenes doncellas españolas estén enamoradas de él. Y ello a pesar del uso reiterado y cansino del lenguaje inclusivo. Lo digo por lo poco exitosos que han sido hasta ahora los resultados electorales, a la vista de los cuales no puede decirse que Narciso-Sánchez haya seducido ni a los votantes, ni a las votantes. Por cierto, sin tan feminista dice que se siente, ¿por qué no acaba cediendo su puesto a una mujer socialista que estoy seguro que las habrá en el partido mucho más valiosas que él?

No sé cuál será su futuro político. Pero como siga absorto ante su propia figura y acabe entregándose definitivamente a los populistas, a los separatistas y a los filo etarras, no hay que descarta que la diosa Némesis, que en nuestro caso será la voz de España tras las próximas elecciones generales, decida vengarse de él y lo convierta en irrelevante manojo de narcisos que no tardará en marchitarse.

José Manuel Otero Lastres ( ABC )