Con buen criterio, un tanto tardío, parece que la vieja escuela del socialismo, los denominados barones, preparan un golpe de efecto contra Pedro Sánchez a la espera de los nefastos resultados que cosechará el PSOE en el otrora feudo de maxi corrupción, putas y coca, ergo Andalucía.

El mismo criterio que impulsó a los generales de la Wehrmacht para acabar con Hitler, quien desconectado de la realidad, sumía en la miseria a Alemania al igual que lo hace Antonio con España. En aquel momento histórico se requería un tiranicidio y se orquestaron, fallidamente, atentados para salvar a Alemania de la peor derrota.

En el caso del doctor cum fraude el tiranicidio que se fragua en las tripas del socialismo no vendrá instrumentalizado con bombas, como en el 11-M, verbigracia, para dar un brusco giro de timón, pues el propio sátrapa ha sembrado de minas La Moncloa, a su desgobierno, y a la familia, con toda la mafia bajo sospecha de corrupción y él mismo bajo la de alta traición. Ambos genocidas-no olvidamos jamás la sedación protocolaria hasta matar a nuestros Seres Queridos y el ocultamiento de la cifra de fallecidos-y tiranos, habrán de coincidir en la recogida de las malas siembras, las humanas y las que llegan inexorablemente con el juicio de la Parca.

Aunque entrambos son autócratas y totalitarios, uno más ridículo que el otro con impostados gestos de autosuficiencia-Sánchez tiene un parecido a la segura soberbia de Mussolini, el mismo que acabó colgado en un puente hartando al pueblo italiano que lo soportó-, es de justicia decir que, a diferencia del tramposo arribista que ocupó con malas artes La Moncloa, hubo un tiempo en que Hitler alzó previamente a Alemania, superando los traumas del Tratado de Versalles y beneficiando exponencialmente a los ciudadanos del III Reich.
Un socialista trabajador y que miró por su país antes de abismarlo nefastamente en la II Guerra Mundial. Antonio cum fraude, no solo es un inútil socialista junto a la tropa de un desgobierno criminal, sino que no puede adjudicarse el menor mérito en su descomunal gestión de sátrapa sin escrúpulos, ruinoso, perjudicial y definitivamente inicuo.
Todo parece indicar que si los esbirros, paniaguados y mercenarios de la prensa prostituida no lo impiden, el Hitler español, tendrá un final político y personal, tal cual se demanda en las calles allá donde esta patulea de inútiles va esperando su baño de multitudes. Un término al viaje hacia ninguna parte del peor traidor a la democracia, a sus ciudadanos y al Estado español.
Los fracasos encadenados en todos los aspectos, consecuencia de la despreciable inutilidad conjunta de los parásitos al frente de una veintena de mediocres ministerios, facilitarían golpes internos que, sincronizados con la realidad política de España, podrían defenestrar al trilero del barrio de Tetuán, cuya caída podría significar un restablecimiento de la normalidad sin olvidar los macro juicios deseables después de pasar este oscuro episodio de terrorismo de Estado. Ni uno solo de los ministros se libra de la sospecha de haber perpetrado algún abuso, cuando no delito.

Los barones sabrán lo que hacen, si es que se atreven. Dios les ilumine la heroica intención, como a los valientes de la Operación Walkiria que al menos sacudieron sus conciencias.

Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )