PEDRO SÁNCHEZ NO DEBE VOLVER A GOBERNAR

Con su intervención en el último Consejo de Ministros, Pedro Sánchez volvió a mostrarse como un individuo sin escrúpulos ni principios que trata de engañar a todos, adversarios y aliados, para seguir en el poder.

Sánchez, que mediante engendros como la infame memoria histórica o la profanación de los restos de Franco pretende empezar a materializar el cordón sanitario contra la derecha, tuvo el cuajo de presentarse como la víctima de una conjura de todos los grupos políticos para clausurar la senda de progreso que habría iniciado su Gobierno, tan incompetente como los de su referente, el execrable José Luis Rodríguez Zapatero, sobrecogedor palafrenero del asesino Nicolás Maduro.

El todavía presidente, aupado por una tóxica alianza de golpistas, proetarras y comunistas, trató de presentar su derrota en la aprobación de los Presupuestos como abnegada consecuencia de su honestidad; como si el felón doctor fakehubiera impuesto inquebrantables líneas rojas a los separatistas catalanes movido por su amor a España.

La realidad, sin embargo, es justo la contraria. Sánchez se había humillado ante Quim Torra y Carles Puigdemont hasta el oprobioso extremo de aceptar la figura de un mediador internacional, y si se vio obligado a tirar la toalla es simplemente por el enroque de sus fanáticos socios golpistas, con los que se entiende muchísimo mejor que con Albert Rivera y Pablo Casado, para qué hablar de con Santiago Abascal, que es quien les ha puesto finalmente en su sitio: ante la Justicia.

La realidad de su fracaso no parece haber hecho mella en el nefasto Sánchez, que habla de sí mismo en tercera persona como un megalómano de opereta más que como un gobernante democrático consciente de sus responsabilidades.

En su primer acto público tras la convocatoria de elecciones, Sánchez dejó claro que su intención es la de extremar la confrontación política y demonizar a «las derechas» como no lo hace con quienes le hicieron presidente con toda injusticia: los supremacistas de Torra –a quien ya no equipara con Le Pen–, los comunistas del lacayo de los ayatolás Pablo Iglesias y los albaceas parlamentarios de la organización terrorista ETA.

Pedro Sánchez, el candidato socialista menos respaldado por los votantes en todo lo que llevamos de democracia, jamás debió llegar a la Moncloa. De ningún modo lo quiso así la ciudadanía. Una vez en el poder, se reveló un gobernante nefasto, por incompetente y felón.

No debe volver a gobernar: eso es lo que deben tener bien claro las formaciones comprometidas con España y la defensa del orden constitucional.

Libertad Digital

viñeta de Linda Galmor