Por un lado aboga por el diálogo y por otro está preparado para cualquier eventualidad, según Albares. Pedro Sánchez se apunta a un bombardeo y a lo que tercie mendigando en lo internacional un respeto que ha perdido desde que engañó a propios y extraños, para apoltronarse en una ilegítima presidencia del país que saquea para su propio y rastrero beneficio.

Se le reconoce con asco en el ámbito mundialista donde este estadista de pacotilla es profundamente aborrecido.

No nos engañemos con las parafernalias estatales de las que se apropió con mentiras un miserable: tenemos un ladrón por presidente de Gobierno que usa los recursos del Estado para comprar voluntades de corrupción normalizada y encubrir múltiples delitos.

Prevaricador, delincuente de usos profesionales que, junto a sus cómplices, influye con dinero ajeno para dejar impune un apestoso rastro delicuescente camuflado tras la política y la debilidad democrática de una España que no comprendió el sacrificio y el privilegio de sus libertades hoy arbitrariamente coaccionadas.

Aquí quizá no sepamos reaccionar todavía con esta caterva de oportunistas, pero el resto del mundo conoce al ocupa monclovita y lo que verdadera y vergonzosamente representa. Sánchez, el histrión criminal que soportamos con estoicismo suicida, es un payaso en el escaparate internacional cuando se empeña en tomar falsos protagonismos en el vano intento de engañar a la opinión pública.

Es sabido que sus fullerías son conocidas allá donde va, vituperado incluso allende nuestras fronteras. Es por eso que su hábito de estafa personal y política carece de credibilidad cuando, al contrario que aquí, no puede comprar los medios de comunicación que alaban carroñeramente sus trapisondas y encubren delictivamente lo que, por otro lado, la Fiscalía intoxica al servicio del sanchismo enguarrando la supuesta imparcialidad de la Justicia.

Con estos antecedentes de desgobierno traidor a los propios ciudadanos, causa vergüenza ajena creer que el infausto doctor cum fraude pinta algo en la crisis de Ucrania.

Si nefasto resulta el zafio egocentrismo de Pedro Sánchez en las decisiones de política interna impulsadas por el gregarismo y los intereses ajenos a los de España, la política exterior estára peor influenciada por la expectativa de beneficios personales que no dudará en aprovechar ante la crisis de Rusia y Ucrania.
Decisiones de sesgo personalista conociendo al trilero, que pueden  resultar aún mas perjudiciales lesionando, más allá de la habitual falta de credibilidad del ineficiente desgobierno sanchista, nuestras deterioradas relaciones internacionales asociadas a la radicalidad comunista mundial.
La España bajo el yugo socialcomunista representa una influencia mínima en los planteamientos geopolíticos de las grandes potencias y debería estar al margen de las ansias protagónicas del doctor cum fraude en cuyo gesto de movilizar a nuestra Armada está implícita la ocasión de congraciarse con Joe Biden.
Una mala influencia en un conflicto donde el oportunismo sanchista no va querer perder la ocasión de asumir un papel, aunque sea ínfimo, para que el ventajista de la Moncloa parezca influir en las estrategias como aliado de la Unión Europea frente a la voluntad expansionista, en realidad defensiva, de Vladímir Putin.
España merece ahorrarse el ridículo que provoca Sánchez dentro y fuera de nuestro devastado territorio nacional.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )