PEDRO SÁNCHEZ SIGUE MUY DESORIENTADO

El líder del PSOE sigue instalado en su particular «no es no», a pesar del pésimo resultado electoral que cosechó mediante esa pueril y estéril estrategia política, consistente en rechazar todo aquello que proponga el Gobierno, sin pararse siquiera a reflexionar sobre su contenido para tratar de aportar o, como mínimo, entablar una negociación sobre la que poder alcanzar un acuerdo que sea beneficioso para el interés general del país.

Prueba de ello es la sorprendente postura que han adoptado los socialistas con respecto a los Presupuestos Generales del Estado, ya que, más allá de expresar su frontal e inamovible negativa a un proyecto que todavía no se ha presentado, Pedro Sánchez emplazó la semana pasada a Mariano Rajoy a convocar elecciones en caso de que el Gobierno no logre los apoyos necesarios para sacar adelante las nuevas cuentas públicas, mientras que ayer se descolgó con la ocurrencia de que el presidente del Ejecutivo se someta a una cuestión de confianza si no hay Presupuestos ni se anticipan los comicios.

Pero si lo que pretende Sánchez es forzar un cambio de Gobierno, lo que debería hacer es presentar una moción de censura con él como candidato alternativo, lo cual, sin embargo, no sucederá ante la más que probable derrota que obtendría en el Congreso.

Si a ello se añade el cúmulo de ideas peregrinas que acumula el PSOE a sus espaldas, desde reavivar el guerracivilismo con su obsesión por desenterrar a los muertos del Valle de los Caídos hasta ponerse detrás de los jubilados y las mujeres en sus protestas en la calle, es evidente que la dirección socialista sigue muy desorientada. La labor del principal partido de la oposición no es cargar por cargar contra el Ejecutivo, sino construir una alternativa que sea sólida y creíble.

ABC