PEDRO SÁNCHEZ VOLÓ AL PP

“Me silban por ser guapo”, decía Cristiano Ronaldo; y Robert Redford tuvo que dirigir películas excelsas para que le perdonaran que Ava Gardner le besara en la boca en un impulso irresistible. Ser guapo puede ser un hándicap en la ficción y en la política, que es otra forma de fantasía.

Pedro Sánchez, de momento, no le perjudica su pinta de molón. Tiene percha, va bien maqueado y posa como un galán en la residencia de ancianos de la OTAN. Las encuestas indican que no ha sido por su facha por lo que ha alargado su contrato temporal, sino porque -frente a la opinión, la debilidad parlamentaria, los aliados caníbales y la crisis catalana- ha logrado el regreso del PSOE cuando estaba a punto de ser una minoría bisagra. Cuando la socialdemocracia retrocedía en el norte de Europa, donde fue hegemónica, reapareció en el sur. El presidente del Gobierno ha diseñado un brillante Consejo de Ministros y actúa como si gobernara.

A Pedro Sánchez le acusan, con razón, de haber pactado con todos los enemigos de España, de blanquear el supremacismo, de humillar al Rey. “Se equivocan -contesta un superviviente socialista catalán-. Con Pedro Sánchez se terminó la guerra. Se está redactando el tratado de paz. Han sido derrotados los independentistas y también los centralistas”. Iban a extraditar a Puigdemont por malversación, pero el Supremo se ha negado. Girauta calificó de canallada la sentencia de los jueces alemanes, pero ese veredicto favorecería la estrategia del diálogo, con rebajas de penas, indulto posterior. Entre todos pagaremos la multa para tapar el ataque más grande que se ha hecho a nuestra democracia.

Hay quien teme que Sánchez tenga que aplicar de verdad el 155, porque los independentistas van a seguir con sus alucinaciones. Mientras llega la hecatombe, el centroderecha ha dejado de oler a victoria. Llegó un molante a La Moncloa y junto a su perro ensayó la izquierda contada a los niños. Como dijo Mitterrandrefiriéndose a la victoria del PSOE en 1982: “El socialismo atacó a la derecha, la descolocó y la arrojó a los suburbios del poder para una temporada”.

Felipe voló la UCD con más de 200 diputados, Pedro Sánchez ha logrado el más difícil todavía: volar al PP con 84. El superviviente de todas las conjuras, con una política escorada a Podemos, un Gobierno débil, con aliados peligrosos, condenado al fracaso seguro, ha jugado bien las cartas de la propaganda y la retórica para alcanzar y conservar el poder, fortaleciendo la izquierda arrinconada.

Y nadie ha caído en la cuenta de que la diferencia entre lo que hace el PP y lo que hace el PSOE suele reducirse a un cambio de sofás en La Moncloa.

Raúl del Pozo ( El Mundo )