El día que el candidato Gabilondo manifestó estar en desacuerdo con pactos  comunistas, se supo que Sánchez espera reeditar en Madrid la alianza con Iglesias.

El paripé de las desavenencias solo pasa por las puntuales críticas de algún ministro, libre de manifestarse desde que salió el ‘podemita’ de la vicepresidencia segunda, así tenga más credibilidad este nuevo capítulo para asaltar el obstáculo que impide un desarrollo pleno de los objetivos por los que socialistas y comunistas se unieron con engaño público en el Gobierno central.

Arremeter contra Ayuso usando el Aeropuerto de Barajas para empeorar las estadísticas sanitarias, ocultar los parabienes internacionales sobre la gestión de la Comunidad de Madrid; la alerta contra el fascismo de la foto de Colón o la advertencia contra los violentos de la «ultraderecha» solo convencen a los idiotas residuales.

Los escraches y los autoatentados no son suficientes pretextos para incentivar moralmente a los potenciales votantes de la izquierda madrileña.

No basta la trampa ridícula de la manipulación social porque no surte efecto cuando a Pablo Iglesias se le ha atragantado el tirón popular del que ya no goza, con los adeptos ofuscados contemplando la vidorra que se pega en Galapagar con una ida colocada en ministerio, una amante, añadida al harén del caradura bolivariano, y tres churumbeles de «si te he visto no me acuerdo» que podrá mantener con las subvenciones acostumbradas de Venezuela y 120.000 euros más de sueldo vitalicio al aparecer como cese en en el BOE lo que se suponía marcha voluntaria del Gobierno central.

Está impedido, como siempre, para la honra pero esta vez ya lo saben sus propios correligionarios que le han dado la espalda allá donde antes le suponía un caladero de engañados votos.

No, no le basta a la chusma ‘podemita’ ni las mentiras de ataques a sus sedes, ni la protesta encorajinada de los «fascistas», porque no existen cócteles molotov de ultraderecha como tampoco indignación pública y airada de la derecha que no sea la que se va a expresar en las urnas.
Tampoco los cómplices socialistas poseen credibilidad con el llamamiento a frenar el gobierno de Colón, cuando se les identifica como la peor lacra de multimillonaria corrupción, los ERE son una más de una larga retahíla, aunque los medios de comunicación comprados pretendan solaparlo.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez siguen confabulados a pesar de las apariencias y en pos de los mismos objetivos.
El insulso Ángel Gabilondo es una mera marioneta de estos dos sinvergüenzas de la política que juntan con sus malas artes personales el verdadero argumento electoral que van a usar llegado el 4 de mayo: más valdría pensar en los antecedentes de juego sucio que mantendrían la guardia alta acerca de extraños acontecimientos e irregularidades, más cuando Madrid supone el bastión importante que impide al desgobierno social comunista dominar en la corrupción absoluta a toda España.
Ignacio Fernández  Candela ( El Correo de España )