Creo que a estas alturas y por desgracia no es necesario decir quién es el nefasto Pedro Sánchez Pérez Castejón, pero quizá convenga recordar que Josef Mengele, un doctor de verdad en medicina y en antropología, fue un oficial alemán encuadrado en las SS, recordado particularmente por sus actos en el campo de concentración de  Auschwitz,  donde realizó diversos experimentos con prisioneros que le llevaron a ser conocido como el Ángel de la muerte.

Mirando a la España de hoy, parece que nuestra nación es un inmenso  Auschwitz y los españoles somos sus prisioneros con los que el Führer Sánchez y ese misterioso comité de expertos encabezados por Salvador Illa y su sucesora Carolina Darias, que hallan su corifeo y vocero en el médico epidemiólogo Fernando Simón Soria, realizan todo tipo de experimentos una vez que nos han privado de nuestros derechos y nos han sometido a arresto sea hospitalario sea domiciliario, logrando el fallecimiento de casi 80.000 compatriotas e importantes daños y lesiones en más.

En este año, a los españoles se nos ha privado de nuestros derechos y se nos ha tratado, bajo la amenaza de penas de multa o prisión igual que a ratas de laboratorio. Para Sánchez y sus secuaces, los españoles hemos sido y lo seguimos siendo como los prisioneros que usaba Mengele: Un día se nos decía una cosa, al otro la contraria; hoy se negaba el riesgo, mañana ese riesgo se nos decía extremo; luego se nos compraban unas mascarillas o unos respiradores que resultaban estar defectuosos.

Ahora, sin orden concierto ni criterio se nos quiere imponer una vacuna que resulta más que cuestionable y, mientras tanto, se nos retiene en casa, se nos priva de nuestra libertad, nuestro derecho, nuestro ocio, nuestra vida cotidiana o del derecho a circular por nuestro territorio, derecho que no se niega a los extranjeros que pueden visitarnos en Semana Santa mientras nosotros hemos de quedarnos en nuestras casas.

Por si esto fuera poco, veamos otra semejanza entre la España de hoy y el III Reich. Uno de los crímenes de que los alemanes fueron acusados en Nüremberg fue el de los arrestos preventivos de personas. Para quien lo ignore, un arresto preventivo consiste en apresar a alguien no por haber cometido un delito y sido juzgado y condenado por ello, sino, simplemente, porque la autoridad de turno considera que hay posibilidad de que esa persona pueda incurrir en un futuro en ese hipotético y potencial delito no cometido.

¿Qué semejanza se da hoy en la España cuyo gobierno preside Pedro Sánchez? Pues una muy simple. Si en un hogar conviven varias personas y una de ellas, aunque lo haya contraído en otra parte, y a pesar de la poca precisión que se reconoce a las pruebas PCR, todos los convivientes deben, en primer lugar someterse a la prueba y, en segundo lugar e independientemente de que el resultado sea positivo o negativo, pasar 10 días en arresto domiciliario y someterse a segundas y más pruebas hasta que al funcionario de turno se le antoje que esas personas –reitero, que han dado negativo- pueden dejar de ser un potencial y hipotético peligro para la sociedad.

¿No es esta violación de nuestra presunción de inocencia lo más parecido a los arrestos preventivos del III Reich?

Más son las atrocidades que se han cometido y más las que se cometerán mientras los españoles no nos levantemos y, como en Fuenteovejuna, sigamos mereciendo la reprimenda de Laurencia: “Tigres no, porque feroces/ siguen quien roba sus hijos,/ matando los cazadores / antes que entren por el mar / y pos sus ondas se arrojen. /  Liebres cobardes nacisteis; / bárbaros sois, no españoles.  /   Gallinas, ¡vuestras mujeres / sufrís que otros hombres gocen/ Poneos ruecas en la cinta. / ¿Para qué os ceñís estoques?”.

Por suerte la tragicomedia de Lope de Vega acaba bien y, como en el Dos de Mayo o el 18 de Julio el pueblo se alza y pone fin a la tiranía a que se ve sometido por la falta de escrúpulos de los correspondientes gobernantes.

Esperemos que la historia se repita.Pero no hace falta retrotraernos tanto ni a la literatura ni a la Historia, para hallar situaciones parecidas en que la acción de un buen gobierno, ordenado al bien común y al bienestar de la nación puede dar una lección y sopas con honda a los actuales gañanes frentepopulistas que padecemos. Recordemos el Régimen de Francisco Franco, cuyos restos se profanaron y cuyos 39 años de gobierno de justicia, autoridad y libertad quieren borrar de la Historia estos Mengeles de pacotilla.

Durante el gobierno del hoy aparentemente innombrable Caudillo, España padeció dos pandemias mundiales: la gripe asiática de 1957, que ocasiónó 1.100.000 fallecidos en el mundo, 10.000 de ellos en España; y en 1968 la gripe de Hong Kong, con 1.000.000 de fallecimientos en total, de los que 8.400 fueron en España.

Así queda para la historia que, tanto en términos absolutos como relativos, el Gobierno de Franco, sin menoscabar el Fuero de los Españoles como el de Sánchez menoscaba la Constitución, sendas pandemias pasaron por una España, que no tenía los avances científicos de hoy en día, sin superar el 1% de las víctimas mundiales, mientras, Gracias a Pedro Sánchez y sus Mengeles de turno, hoy, con el Covid 19, España aporta ya el 9% al total de víctimas mundiales.

Así en esto, como en otras cosas, si algo mueve al actual sistema y a este gobierno no es otra cosa que la envidia a quienes antes lo supieron hacer mejor. Pues la envidia es, con palabras de Miguel de Cervantes: “raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes”.

Pedro Sánz Martínez  de Ubago ( El Correo de España )