PEDRO Y PABLO EN EL COCHE DE LOS PICAPIEDRA

Vista la «eficacia» con la que el capitán lleva el barco, la CEOE pidió ayer que el timón de la «desescalada» económica lo manejen las comunidades, los ayuntamientos y los empresarios, seguramente no tanto por la desconfianza que le genere la vicepresidenta tercera y ministra de Economía sino más bien por las andanzas en el Consejo de Ministros del vicepresidente segundo y vecino de Galapagar, el del «escudo social».

Aunque el primero que parece poco fiable es el propio Sánchez pues su doctorado en Economía lo consiguió como lo consiguió (control C, control V) y le otorga las mismas posibilidades de éxito en la tarea que un diploma de judo como cinturón amarillo-naranja para enfrentarse a un japonés cinturón negro y décimo dan. Salvo milagro, ciertamente pocas.

No fue solo la patronal la que le puso deberes. Alarmado por el camino hacia la miseria que han marcado la pandemia y la sucesión de alarmas e hibernaciones, el Banco de España le reclama que, de forma paralela a las medidas de apoyo a hogares y empresas, diseñe un plan de consolidación fiscal así como reformas estructurales que impulsen la economía.

Teniendo en cuenta que Sánchez no creó un Comité Científico para luchar contra el Covid-19 hasta cincuenta días después de que la OMS declarase la emergencia sanitaria, es mejor que el gobernador Hernández de Cos tome asiento hasta que el Gobierno se arranque en la tarea. La falta de reflejos es una constante.

Por ejemplo, si mañana el Congreso no le aprueba la extensión de la alarma no hay plan B, según reconoció. Son lentejas, las tomas o las dejas, y si las dejas pues serás el «culpable de los miles de muertos» que pudieran llegar, según esa antorcha del pensamiento apellidada Echenique. Habrá que colegir, por tanto, que los más de 25.000 muertos anteriores fueron culpa del PSOE y de Podemos, ¿no?

Lo más probable es que Sánchez, que no atiende las sugerencias de la oposición ni de las autonomías, ya tenga en la papelera las recomendaciones del Banco de España y la patronal.

Porque aunque jarree un pedrisco o lluevan ranas a él nadie le saca de lo que digan Iván (en la propaganda) y sus expertos. Miren: en abril, la matriculación de vehículos se desplomó un 96,5 por ciento.

En el primer cuatrimestre se han vendido 222.000 vehículos; el año pasado, el doble. A lo mejor es hora de escuchar a alguien de fuera de La Moncloa porque con Pedro y Pablo terminamos montando a España en el coche de los Picapiedra.

Álvaro Martínez ( ABC )