PEDRO Y SU NEGRO

Pasados los sentimentalismos  de las fechas precedentes en las que me ha gustado hablar de la gente a la que quiero, me toca regresar a la arena del absurdo que es donde se enfangan los gladiadores sin honor del circo de nuestros días.

Empezaré por decir algo que no es la primera vez que reconozco: he trabajado como negro.

He cobrado por escribir algún libro, junto con otro amanuense, para que lo firmase una tercera persona, y también he escrito discursos, proyectos, propuestas y hasta programas de los que nunca se cumplen , y los he cobrado cual  barragana de lujo.

Pero para que las cosas queden claras no es lo mismo aparentar  para quedar bien delante de los amigos que mentir ante una institución pública o privada. Tampoco es lo mismo darse un capricho que comprarse un doctorado universitario, porque la decencia no tiene atajos aunque la contumacia en la mentira sea la norma en la política española.

Hace años en el Congreso de los Diputados  que yo conocí había parlamentarios obreros y ministros electricistas pero ni Nicolás Redondo Urbieta, ni Marcelino Camacho Abad, ni José Luis Corcuera Cuesta  tuvieron nada que envidiar a   otros diputados que eran doctores, sin plagiar las tesis como se hace ahora, pero que tenían menos entidad y prestigio político que ellos.  

También es verdad que por aquellos tiempos las universidades públicas y privadas eran más serias que las de ahora  y sus profesores y gerentes no se prestaban al desvergonzado chalaneo de  regalar tirulos o másteres a los políticos, porque al resto de los alumnos les exigen que cumplan con todos los requisitos de la ley.

En estos momentos el líder del PP, Pablo Casado está siendo investigado para constatar si realmente obtuvo correctamente esa acreditación universitaria, y ya han tenido que dimitir por mentir en sobre cómo obtuvieron titulaciones similares en la Universidad Rey Juan Carlos  la ministra de sanidad socialista  Carmen Montón   y con anterioridad la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que aunque también “hizo un Cifuentes” en un supermercado, tampoco pudo acreditar que no le habían regalado su título.

Pero… faltaba Pedro y empieza a aparecer porque la máquina de la mala leche y de la verdad es la misma y , al mismo tiempo, imparable,

El Presidente de gobierno mantiene vetada la posibilidad de que nadie pueda acceder a su tesis doctoral porque sabe que si eso sucede, la caga.

Ya se sabe el nombre del negro que le escribió una parte del trabajo y plagió otras, Ahora lo único que tiene que hacer ese pobre hombre,  y se lo aconsejo honestamente de negro a negro, es emigrar a Yibuti donde se confundirá con otros de su misma raza y evitará cualquier peligro de los que le acechan.

Diego Armario