Pegado a su poltrona con Loctite,
Marlasca dice no. Que no lo deja.
Que no desiste. Nada. Que no ceja.
Que no renuncia, en fin. Que no dimite.

Que le hemos de pagar que se ejercite
en cinta de correr a tocateja.
Que en acercar etarras no ve queja.
Que lo de De los Cobos no lo admite.

Las órdenes inconstitucionales
que dicta con sus recios genitales
tampoco le perturban, por supuesto.

Pero hay que recordar que, en lengua vasca,
se escribe su apellido así: “Marlaska”,
y se pronuncia “Sánchez”, ¡ojo a esto!

Fray Josepho ( Libertad Digital )