PENSAR DISTINTO

Cuánto odio, y miedo al mismo tiempo, se esconde detrás de los quince encapuchados que dieron una paliza a un joven en Vitoria que defendía la unidad de España. Esa cobardía es reflejo de una sociedad enferma, que todavía no ha cauterizado la fractura de casi cinco décadas de violencia etarra.

Justamente para combatir ese fanatismo, nació la ley de leyes que es la Constitución de 1978. Para darnos un marco en el que poder discrepar y resolver cualquier conflicto por la vía pacífica del diálogo. Esa es su mayor virtud.

Cuarenta años después podemos sentirnos orgullosos de la democracia plena que es hoy España, a pesar de todos los enemigos de las libertades, que nacen entre la gente más joven.

Suena, como todos los días, la hora de seguir poniendo en valor el enorme tesoro democrático y de convivencia que se encierra en el texto constitucional, y de él se deriva que la ley tiene que caer con todo su peso sobre esos cobardes y miedosos jóvenes que agredieron de forma brutal a otro por solo pensar distinto.

Que no lo duden esos quince y sus padres ideológicos: con la violencia sólo evidencian su fracaso.

El Astrolabio ( ABC )