El pasado día 17 de mayo se publicó en El País un artículo de Iván Redondo que, con el título «España 2050», ofrecía un panorama maravilloso para 2050 gracias al trabajo de Pedro Sánchez. Concretamente, se señala en el texto que «en este contexto de enormes incertidumbres y transformaciones, resulta imprescindible en la gestión y práctica pública que España tenga la capacidad de mirar más allá del presente inmediato, y profundizar sobre los retos y oportunidades que traerán las próximas décadas» y que «España 2050 es una visión, un ejercicio, una reflexión, un horizonte, un compromiso, un territorio y un espacio de diálogo para medir, analizar y actuar», con la que «entender mejor el futuro mediante el análisis riguroso de la evidencia empírica, y de articular los diálogos sociales necesarios para construirlo, unidos desde el rigor y la vocación de acuerdo que requieren todas las políticas de largo plazo en una democracia madura y plena como lo es España».

Ciertamente, el texto es un largo panfleto publicitario para generar expectativas por la rueda de prensa de presentación de la agenda España 2050. Su objetivo último no puede ser otro que lograr una pura evasión haciendo que la gente piense en 2050 para que no piense en 2021, cuyos acuciantes problemas no se pueden resolver por el Gobierno porque no hay conocimiento sobre cómo abordarlos.

Antaño, los líderes políticos focalizaban sus esfuerzos para distraer a su población mediante la desviación de la atención a efectos especiales, agitando los conflictos con los líderes de otros territorios para poder culpabilizar a los vecinos de los problemas acaecidos en casa, como ya hicieron personajes históricamente relevantes como Napoleón, Hitler y muchos monarcas europeos o los independentistas catalanes en España. No obstante, al Gobierno de Pedro Sánchez se le ha tenido que quedar pequeño el mundo y ya juegan a niveles temporales, aunque ello no resulte muy coherente.

No se debe pensar en lo que ha de suceder dentro de más de 25 años sin antes resolver los asuntos del ahora. Sin embargo, poner la vista en el futuro ante los problemas del presente puede ayudar a que la imagen del Gobierno actual no se vea tan trastocada como parece temerse, principalmente a efectos electorales, aunque tampoco hay que pasarse y pensar que Pedro Sánchez va a seguir siendo presidente del Gobierno en 2050, pero no puede descartarse que Iván Redondo pretenda lograr la Presidencia del Gobierno para esa fecha, pues el ahora consultor político parece querer transformarse en político, como se puede apreciar con su largo y vacío artículo de autoayuda.

Diego Fierro Rodríguez ( El Correo de España )