PENSARON PRINGAR AL REY

Las cajas donde se depositan los votos surgieron, como todo, donde, como dice Keats en su oda a una urna griega, la belleza es verdad y la verdad belleza. El poeta romántico no se refería a las urnas de votar, sino a las que contienen las cenizas de los muertos inspiradas en una crátera con escenas báquicas con ménades y sátiros del Museo Británico. «Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe / de hombres y de doncellas cincelada, / con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!«. Dice Keats que nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta. Es suficiente con saber que la democracia nació al aire libre, en Atenas, donde los ciudadanos metían piedrecillas negras o blancas para decidir a los magistrados y a los generales; desde entonces no se ha inventado una forma mejor para vivir en libertad.

Miles de años después en España un Gobierno democrático ha prometido que actuará con fuerza para frenar un plebiscito porque éste no es un acto democrático sino una estafa y un desafío a la ley fundamental de la democracia que es la Constitución. El Ejecutivo ha avisado a los independentistas que retirará las urnas. Soraya Sáenz de Santamaría ha recordado a Puigdemont que puede terminar inhabilitado; no se atreven a decir que si el president incumple el mandado del Constitucional puede acabar con las pulseras puestas.

Los insurgentes dicen que el derecho al voto es sagrado y lo es. Pero ellos lo utilizan como un puñal contra la nación. Juran que habrá referéndum y será vinculante aunque voten 1.000 en el palacio gótico. Esta disparatada sátira, el retablo de embustes, confirma la idea que tienen de las urnas. Es que el nacionalismo fue una continuación de las guerras de religión, la vuelta al tribalismo, la protección del campanario. Lo dejó dicho Toynbee: «Los fanáticos religiosos y los nacionalistas constituyen una única pasión maligna».

Unos integristas con márketing, empotrados en las instituciones, intentan montar un referéndum para la independencia que tiene toda la pinta de los viejos pronunciamientos. Han intentado meter al Rey Felipe VI en el laberinto con las celadas y fullerías de la «soberanía compartida», «el Estado libre asociado» o el «pacto con la Corona». Felipe VI es el vértice del Constitucional pero sus poderes son formales y no ha caído en el borboneo ni en la peligrosa mediación o arbitraje, lo cual ha encolerizado más a los independentistas, como acaba de confirmar en una boda de la La Coruña un político cercano a Mas que dimitió del Gobierno Puigdemont.

Los votos son sagrados si no hay ninguna fuerza que invente el censo y los resultados, si hay delegados de todas las fuerzas en la votación y en el recuento. Si no es una mascarada. En la Moncloa piensan que poner una urna en la Vía Layetana y otras en oficinas del Govern no es un referéndum. Los funcionarios y los mossos se lo van a pensar antes de delinquir. Hasta ahora los políticos que no firmaban nada, tendrán que firmar. Hoy parece que Oriol va rubricar las leyes apócrifas, ilegítimas como hace en la hamburguesería.

Raúldel Pozo ( El Mundo )