PEQUEÑO MARLASCA

Me resisto a entrar en algunos  jardines por los que en cualquier circunstancia de normalidad podría pasearme,  pero a veces lo evito no por miedo, que jamás lo tuve, sino por hartazgo, que cada día se hace más insoportable.

Empezare por decir que hace uso días vi un magnifico reportaje sobre el Día del orgullo gay  en Tele Madrid donde distintos personajes, unos conocidos y otros menos, cargados de dignidad, de memoria, de heridas del pasado y de confianza en el futuro hablaron de una realidad que hoy se visibiliza con absoluta naturalidad porque en España están perfectamente reconocidos por la ley los derechos como ciudadanos de los homosexuales.

Sin embargo aún no se han trasladado a textos legales los derechos de los imbéciles, gilipollas, intolerantes, violentos, excluyentes y oportunistas que deciden aceptar o rechazar a quiénes un día como ése pueden participar solidariamente en una manifestación reivindicativa o  de recuerdo de unos tiempos, felizmente superados, en la mayoría de los países, en los que quienes tenían una opción sexual distinta a la oficialmente reconocida como mayoritaria eran perseguidos.

Fue en 1969 cuando en Nueva York se produjeron los disturbios  de Stonewall que marcaron el inicio dl movimiento de liberación homosexual y allí la dignidad, la valentía y la asunción de riesgos fue la norma de los manifestantes.

Hoy la situación ha cambiado y aunque se dan inaceptables conductas homófobas por parte de algunos ciudadanos, a veces con condición de cargo público, la sociedad en general y por supuesto también las leyes, respetan las legítimas diferencias que cada ciudadanos expresa en el ámbito de su vida privada.

Como yo nunca se sabido lo que se siente ignoro si las claves estéticas con las que se acompañan algunos homosexuales el Día del Orgullo responden a un sentimiento o a un estrambote.

Los políticos que, por su propia condición de oportunistas – y aquí no excluyo a ninguno –se apuntan a un bombardeo aparecen ese día en el escaparte del orgullo como si fuese una obligación estar allí e ignoran que los tiempos que corren en España legitiman  la presencia de la izquierda en todas partes y excluyen a la derecha  según en qué sitios, como si no existiesen homosexuales, lesbianas y transexuales en todos los ámbitos sociales y políticos de la sociedad.

Me entristece el papelón  que hizo el otro día de Fernando Grande Marlaska, que justifico de alguna forma la agresión a Ciudadanos y dijo que buscaron protagonismo  “el día que no les toca”.

Uno de los gays más importantes de España, ministro  del gobierno de Sánchez, que ha pasado de ser un referente moral como juez a un juguete roto desde que se contaminó del sectarismo que se inhala en la Moncloa, debería hablar más con la cabeza que con las vísceras.

Guardar silencio es una virtud que escasea, y Grande Marlaska cada día es más pequeño.

Diego Armario