PERDÓN

Iñigo Urkullu ha pedido perdón por la corrupción de su partido en Álava. Está bien. Es un buen gesto. Mariano Rajoy hizo lo mismo en el Congreso de los Diputados, en la casa de la soberanía popular, y le sirvió de bien poco.

Pedro Sánchez, sin embargo, no ha abierto la boca tras la condena por los ERE de Andalucía. Supongo que, en su infinita soberbia, espera a que concluyan los otros 182 casos aún pendientes de juzgar por malbaratar el dinero público que debía haber ido a los parados andaluces.

Mientras, Ximo Puig utiliza recursos de la Generalitat valenciana para proyectarse él. Por mucho menos, Paco Camps y Lucía Figar tuvieron que dejar sus puestos. Los Pujol todavía campan por sus fueros y la banda del tres por ciento se diluye en el olvido.

El ser humano es falible. Nadie es perfecto y la corrupción es trasversal. Afecta a todos y en España se combate más que en otros países. Que no sirva esta reflexión para justificar ningún tipo de corruptela.

Hay que saber pedir perdón y perdonar, pero también enseñemos e insistamos en no cometer tropelías desde el poder, PNV incluido. Habremos avanzado algo.

El Astrolabio  ABC )