La Prensa y el resto de “media” –medios de comunicación social y de información han sido desde que surgió la imprenta los grandes instrumentos  cumpliéndose una vez el comentario del divino Maestro: “Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz”   sin  que nosotros logremos aprender la lección. Es admirable la rapidez con la que quienes sirven en el ejército del Diablo se sacan partido  a todo adelanto técnico para hacer el mal.

Por el contario  nunca he comprendido la lentitud de “los buenos” en ponerse al día. Demostrar esas afirmaciones sería muy fácil,  y no voy a malgastar el tiempo en ello.  La consecuencia práctica es que siempre estamos en desventaja por no saber actualizar  los  métodos de trabajo

En esa batalla constante contra el enemigo de España y de la Iglesia,  descubrí pronto  las importancia de la prensa y de los periodistas como creadores—y manipuladores—de opinión; y la mayoría al servicio de “Poder Supremo sin rostro” –“PSsr”–. Desde muy joven comencé  a combatirlos con mis escritos y sin ser periodista me convertí en un contrincante de ese Poder.…

Me hice cargo pronto de la importancia de la prensa y de la razón de su existencia.

Después de medio siglo de enfrentarme a la “canallesca”, me pareció oportuno  explicar en una charla “mi postura ante el Periodismo”, evitando así una mala interpretación sobre mi forma de actuar.  Lo hice dos días seguidos, el 26 de febrero de 2001 en Barcelona  (en ADES) y al día siguiente, 27, en Gerona. La titulé: “PERIODISMO Y PRENSA CANALLESCA”.

En ese momento se editó como folleto y se repartió; hoy, veintiún años,  después resumiré para los lectores lo que dije entonces, pues tiene la misma vigencia. Como verán, profeso el máximo respeto a una profesión que considero tan digna como otras vocaciones sagradas: el sacerdocio y la docencia por ser “distribuidoras de la Verdad”.

.  Espero que nadie se llame a engaño sobre mi postura frente al Periodismo—con mayúscula–. Desde que se empezó a formar mi personalidad y aprendí a redactar  en plena  adolescencia, siento una predilección natural por esa profesión. En mi juventud no existía la carrera universitaria específica de periodista, no había licenciaturas en periodismo. Pero desde mucho antes de cumplir veinte años  vengo escribiendo en revistas, publicaciones y periódicos.

Fui colaborador de “Quibú”  –el periódico de la Universidad Católica–  y de las publicaciones colegios de los “Maristas” de Cuba; con poco más de veinte años lancé en Ciego de Ávila,  una publicación de pueblo; colaboré—hasta que salí de Cuba—en “El País-Excélsior”—diario que, treinta años antes había dirigido D. Manuel Aznar, abuelo de José María Aznar–; nada más llegar a España, inicié mi colaboración  en la revista “¿Qué pasa?” del admirado Joaquín Pérez Madrigal; en  “El Brugués”—el periódico local de Gavá recién fundado. Llevo el periodismo en la sangre, aunque no haya sido nunca  mi profesión, ni   cobrado  por escribir (salvo de “El País-Excélsior”).

El “Diario de la Marina”, decano de la prensa hispana, (también de España, nació en el primer tercio del siglo XIX como portavoz de la marina española), hasta que Fidel la aniquiló llevaba  diariamente en portada esta frase:

“El periodismo es, en lo externo, una profesión;

en lo interno, un sacerdocio”.

Era una cita de quien había sido su dueño y director, José Ignacio Rivero—conocido como “Pepín” Rivero. Uno de los grandes periodistas del siglo XX. Es una definición perfecta de la esencia del verdadero periodismo,  en esas trece palabras está contenido todo lo fundamental del periodismo.

Mirado desde fuera, es una profesión buena y noble, convertida en necesidad para el  hombre moderno. Algo así como   el pan, el aire o el agua.

Pero si, en lo externo, es una profesión, su mayor valor radica en lo interno, en su esencia porque debe ser ¡un sacerdocio al servicio de la Verdad!

Veamos cómo.

El sacerdote católico,  es un ministro de Dios, cuya misión es hacer de nexo y unión entre el Creador y la criatura”, un “puente” que une dos orillas,  que permite acercar el hombre a Dios.   Es un “pontífice”. Pues bien, Dios, es ante todo, Verdad, Belleza y Amor. El sacerdote debe acercar el hombre a Dios,  al Ser Trino y Uno. Y el periodista—exactamente igual—tiene como misión acercar al hombre a la Verdad,  –también a la belleza y   amor auténticos—y,   no puede hacer de la mentira su “razón de ser”;  su obligación es servir  siempre a la verdad,  ser un “ministro sagrado de la verdad”, ¡un sacerdote de la verdad!

Tiene, además, la misión servir a la  belleza en sus diversas facetas—humanas, artísticas, literarias—pero, sobre todo, a la belleza superior—la  del alma–, enriqueciéndola de valores, siendo instrumento de aproximación entre los hombres,– no un sembrador de  odios–,  ni   un destructor del honor, la fama, el prestigio y la vida de sus semejantes. Menos aún puede convertirse en enemigo acérrimo  de Cristo, de su Iglesia, de   España, de su Unidad, de su Historia y de sus valores.

Cristo dijo cosas como éstas:

“Yo soy el camino, la Verdad y la Vida” y, apenas cinco horas antes de morir,  le respondía a Pilatos: “Yo para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la Verdad”… En otra ocasión memorable les dijo a los judíos: “Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira”.

Esa grandeza del Periodismo,  cuando se prostituye, lo convierten en profesión nauseabunda y repelente, según el adagio latino: “Corruptio optimi, pessima” La corrupción de lo óptimo es lo peor… Periodistas así, dan una pena infinita. En España tenemos ejemplares insuperables de esa especie canalla. Omito los nombres para evitar los Juzgados, pero son tan millonarios que todo el mundo los conoce…

En el  próximo escrito hablaré de “la canallesca”, ya no queda espacio.

Gil de la Pisa Antolín ( El Correo de España )