Buenos días

mujerbal

 La felicidad consiste en tener siempre algo que hacer y alguien a quien amar.
Feliz Semana.:))

One Comment

  • xcraterh19

    29/08/2017 at 10:33

    Mi idea de la felicidad no tiene que ser toda mía, muchas veces me hace feliz ver a la gente contenta, ver sus rostros sonrientes y con ganas de celebrarlo, incluso en lugares insólitos, y este es uno de esos momentos, aunque no soy imparcial, lo comprenderá de inmediato, me vi reflejado en ese personajillo.
    Una mañana de sábado, en un pequeño pueblo de alta montaña, el verano se había marchado, pero la temperatura era agradable, en un parque para todos, había un grupo de hombres rudos jugando a la petanca, señoras con niños, algunos solitarias-os leían y yo sentado en una esquina del parque configuraba una nueva carpeta en la cámara de fotos y a esto que el otro extremo del banco se sientan una pareja de abuelos, con ellos un chico, supuse 7 años más o menos, se sentó a su lado con el morro torcido, contrariado, echó una mirada a la pantalla de la cámara, miraba que hacía, me hice el sueco y seguí a lo mío.

    A esto que llega un grupito de seis o siete de chicas y chicos de su edad más o menos, le invitan a jugar al escondite, el chico cruza los brazos y niega con la cabeza sin abrir la boca, insisten y los abuelos le empujan en dirección al grupo y de mala gana se va con ellos, yo termino abriendo la carpeta dejándola seleccionada y reviso algunas fotos de la anterior carpeta cerrada, a esto que regresa el muchacho cabreado, le han pillado dos veces seguidas y eso le ha cabreado, no quiere seguir jugando, de nuevo el grupo vuelven a por él, es la víctima propiciatoria, algunos se reían de él y eso hizo que uno de mis errores se pusiera en marcha.

    Me ocurre con los enfermos que voy a visitar, (Empatía), me pongo en su lugar y sufro, y eso me hizo intervenir.

    El grupo se alejó ya que se había cerrado en banda y una vez que no podían escucharnos le hablé de sus errores en el juego, el escondite no se trata solo de esconderse, algunas veces no hay lugares para hacerlo, el niño así como los abuelos me miraron con cierta perplejidad, le dije que el secreto está en confundirse con el entorno, el mejor escondite está a la vista, el niño preguntó cómo es eso que no entiende, y le hice ver que su ropa está en la memoria de sus amigos, y lo primero que tenía que hacer era cambiarla en el lugar que escogiera para confundirse y le señalé el lugar que había más niños agrupados, allí jugaban con cartas.

    El arte de la guerra enseña muchas cosas, no era el momento de hablarle de Sün Tzu y su gran obra, y le expliqué que cuando corriera a esconderse, lo hiciera pendiente de que los demás miren en su dirección, ya en ese grupo, cambiar la indumentaria, incluso quitarse la camiseta, y ponérsela en la cabeza, ocultar su rostro y sobre todo los colores.

    La abuela de su bolsa le mostró una gorra, y le entregó un pañuelo suyo del pelo, dijo que se lo metiera en el bolsillo, que no vieran sus amigos, como tampoco la gorra.

    El abuelo le empujó en dirección al grupo que echaban a suerte quien la ligaba y corrió al grupo. No le tocó la china y el grupo se dispersó, el chico me miró y le hice el gesto del grupo de los jugadores de cartas y se mezcló entre ellos en el último instante que empezaba la búsqueda de los escondidos.

    Se quitó la camiseta, se puso la gorra y el pañuelo en torno al cuello, no se escondió, si no que estuvo junto a otros mirones y de vez en cuando nos miraba, dije que no hacer signo alguno, y cada uno de nosotros a lo nuestro, aunque las gafas de sol permitía no descubrir donde miraba.

    Me empecé a reír, no pude evitarlo, los abuelos me miraban sorprendidos, les dije que el que tenía que buscar estaba junto a su nieto y no le reconocía, la risa se les contagió, el chaval siguió pendiente del juego, y encontró a uno, el juego había terminado, pero él seguía mirando el juego.

    Los demás le llamaban, pero el no hizo caso, me acerqué donde estaba y le dije de espaldas al grupo que miraba en todas direcciones, que yo le cubría que se pusiera la camiseta, escondiera la gorra y saliera por detrás de los que jugaban a la petanca, y así lo hizo, reía como yo, y me quedé mirando a los jugadores de cartas.

    Era el momento de marcharme, seguía con el muelle de la risa roto, y fui a despedirme de los abuelos y del nieto. Al chico le expliqué que no se puede uno cerrar en banda, hay que salir y seguir adelante, me vi en el con su edad, tenía dificultades con la comunicación, el sistema nervioso, dormía tenso con los dientes apretados, me rompía los dientes.

    El abuelo me estrechó la mano y el nieto el puño cerrado, y le hablé que es mejor confundirse con el entorno que esconderse, siempre hay que afrontar los problemas, aunque no tenía fuerza moral para decirle eso, supuse como que ocurriría con sus miedos y creo que el parque era uno de ellos.

    Y en mis retinas sigue esa imagen, el de espaldas al que buscaba y el que buscaba no le veía, ahora sonrío, sobre todo por los abuelos, se interesó por ese chino que mencioné, le dije que el arte de la guerra sirve incluso en el trabajo.

    Me alejé del parqué con esa risa, a saltos y sin control, el muelle como dije se había roto.

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