PERVERSIÓN

La perversión y el mal uso del lenguaje son hechos a denunciar. Hemos de poner atención a esa maquinaria política propagandística que no duda en distorsionar o manipular la realidad. Los hechos más sangrientos, injustos, despiadados y dolorosos son también, desgraciadamente, parte de nuestra historia y como tal, deben aparecer en los libros sin manipulaciones.

Si la rigurosidad y la veracidad quedan supeditadas a otros intereses, la historia se manipula, se trata también de borrar las huellas del pasado, de transformar a su antojo la verdad, y al final lo que ocurre es que la credibilidad se tambalea. No queremos palabras huecas que pretenden desorientar y confundir a la sociedad en lugar de hacerla participativa a través del conocimiento y la información veraz.

Estos últimos días se me han clavado en el alma expresiones como «presos políticos» refiriéndose a terroristas asesinos que han truncado la vida a decenas de mujeres y niños ajenos a esa territorialidad a la que el común de los mortales, por suerte, no atiende con tanta ira y fervor.

Esa subcultura que llegó a contaminar el País Vasco de un sentimiento de furia y rencor hacia el país al que pertenecen, convirtió en asesinos a varias generaciones. Costó muchísimo esfuerzo, tiempo y sobre todo vidas, que dejaran de segar las de inocentes completamente ajenas a su delirio, sin embargo, deslegitimar política, social y culturalmente a ETA es todavía una asignatura pendiente en el País Vasco y en Navarra.

Asociaciones de víctimas no se cansan de reivindicar la memoria, la dignidad y la justicia. Algo lógico. Es además una causa que apoya toda la sociedad, ya que víctimas fuimos todos. Sin embargo, lejos de trabajar todos por la paz y poder pasar página de una vez, se sigue mancillando la memoria de las víctimas utilizando la perversión del lenguaje, homenajeando a quienes se llevaron los sueños e ilusiones de cientos de personas, de sus amigos y familiares, no dejando lugar al arrepentimiento, ni teniendo la capacidad de pedir perdón… Creo que ya han sido lo suficientemente perversos.

Irene Villa ( La Razón )

viñeta de Linda Galmor