PESETOS LOCOS

Como en el taxi hay de todo, como en todas partes, el sector de los desalmados ha tomado el control de las huelgas en Madrid y Barcelona, de ahí las agresiones a los trabajadores de las plataformas de vehículos de alquiler con conductor, sus usuarios y los periodistas.

Los taxistas, como antes los serenos, los mineros y los libreros, temen pasar a la historia de los oficios arrasados por las máquinas, los algoritmos y los robots de Uber y Cabify, atildados empleados en pulcros vehículos que según la totalidad de las crónicas son tipos que antes de la crisis eran constructores y ahora se aferran a un volante para sobrevivir.

Todo el mundo tiene sus razones. El del taxi es un oficio duro, una profesión de riesgo en la que seguramente se registran más bajas por atraco que por accidente de tráfico. Sufrida dedicación, interminables esperas, largos trayectos y todo tipo de historias, de la última morada al último refugio, una luz verde al final o al principio del túnel. A la gente, en general, le gusta conducir, pero eso no tiene nada que ver con llevar gente de aquí para allá y por aquí.

Dicho lo cual, los taxistas tienen otro problema, que no es el de la infiltración de auténticos delincuentes en su gremio, cosa que pasa en la política y hasta en la medicina, sino que dichos delincuentes tienen patente de corso para linchar a quien les dé la gana porque el taxi está en lucha y compañero, únete que el problema es de todos.

Y claro que están en su derecho de hacer huelga, faltaría más. Sólo que es mejor anunciarlo por anticipado, cumplir los servicios mínimos, atender las urgencias, abstenerse de dejar aparcados sus coches en la vías principales para colapsar el tráfico y denunciar a los piquetes informativos que van por ahí repartiendo cera a los enfermos que piden un taxi o a los pasajeros que alquilan un coche con chófer.

Los taxistas de Madrid y Barcelona se están ahorcando con la soga de la huelga salvaje. Temen que si no colapsan las ciudades serían inmediatamente sustituidos por los coches negros de las plataformas digitales y han perdido el control de sus pesetos locos, que se valen de los ejemplos de los Comités de Defensa de la República (CDR) en Barcelona y de los chalecos amarillos en París para reventar la convivencia con la aquiescencia de la izquierda nacionalista en Cataluña y la izquierda sin más en Madrid. ¿O es que también esto es cosa de Vox?

Pablo Planas ( Libertad Digital )