PICOLETOS Y SEPARATAS, CON UN PAR

Hay incertidumbre por la postura que adoptará la sociedad catalana ante la sentencia del Tribunal Supremo, después de un juicio con todas las garantías. La imagen que nos llega es la de los mossos «aligerándose por la verdú» cuando vieron a la benemérita con tricornio calado y el pecho lleno de medallas, en San Andreu de la Barca, la víspera de la Virgen del Pilar.

Los picoletos condecoraron a la secretaria judicial Montserrat Toro presente en el escrache del 20-S y, a título póstumo, al ropón del Juzgado de Instrucción 13 de Barcelona que inició la instrucción contra el procés. El general Pedro Garrido advirtió que al cuerpo no le van a echar de Cataluña y que combatirá sin tregua ni pena a quienes recorran el camino a la independencia siguiendo la senda del terror.

«La pretendida revolución de las sonrisas -dijo el general- se ha convertido en un rictus que disimula odio y mezquindad capaz de generar odio y sufrimiento». El Estado esta vez se ha asomado y ha hablado antes de la trifulca.

La estampa no es nueva. Lo que vaya a suceder en Cataluña será un reestreno más del drama catalán. Ha ocurrido en todas las dictaduras, las democracias, las repúblicas y las monarquías. Los separatistas creen en lo que desean y cada siglo organizan una intentona -intento temerario y frustrado- contra el Estado español, que lo identifican con Madrid después de que Prat de la Riba, un racista más instruido que Sabino Arana, llamara cafrería a la capital de España.

El odio a Madrid y a Castilla ha sido el motor de la soñada nación catalana. Esta ocasión ha reunido en el empeño a millones de personas, con los hijos de los emigrantes, dando la razón a ese Prat de la Riba que profetizó que la juventud catalanista crecería como el hilo del agua al iniciarse el deshielo.

El procés ha puesto al frente de la Generalitat a un tipo llamado Quim Torra, un retrato satírico de racista, que considera la sentencia como el torpedo más grande que puede haber contra la convivencia en Cataluña «si no es absolutoria».

Los separatistas anuncian desobediencia civil. Piden la amnistía antes de la pena, pero Enrique Gimbernat, doctor enDerecho por la Universidad de Hamburgo, ya les ha dicho que la amnistía es anticonstitucional. «Seguirán exigiéndola -escribe- porque el independentismo se caracteriza por la irracionalidad.

Irracionalidad que ha convencido a la mayoría del Parlament de que España es un Estado de no Derecho, en el que se puede defender con un par, que una ley regional puede derogar la Constitución o que existe el derecho a decidir».

Raúl del Pozo ( El Mundo )