PLÁCIDO DOMINGO Y EL ABRAZO DEL PÚBLICO

Plácido Domingo recibió ayer el abrazo del público, lo que más necesitaba después de unos días dolorosos por las denuncias sobre presuntos abusos hace más de tres décadas cuya dimensión e incidencia se han evaporado con la misma velocidad que enérgica resultó la reacción en su defensa de muchas de las compañeras del tenor en los escenarios.

El difama que algo queda responde sin duda a una ley sociológica cumplida, pero la gran figura lírica de nuestro país ha desatado una corriente de solidaridad y aprecio hacia su persona que sólo está al alcance de aquellos que se lo han ganado con un comportamiento intachable.

Y ese cariño fue lo que movilizó ayer al público del auditorio del Festival de Salzburgo en una ovación para el recuerdo a Plácido Domingo en su primera actuación tras la tormenta mediática.

Antes de que arrancara su interpretación en la ópera «Luisa Miller», los espectadores, que llenaban la sala, puestos en pie, aclamaron a la leyenda de la opera mundial entre gritos de «¡Bravo!» y aplausos generalizados.

No fue un acto de indulgencia en sí mismo, sino una suerte de bendición a una personalidad generosa y buena.

Y de paso un reproche a quienes pretenden manchar carreras legendarias e impolutas por diez minutos de gloria y estiércol.

La Razón