Sucedió hace solo siete años. Marzo de 2013. El comandante acaba de morir. El régimen, sumido en el dolor, organiza en su honor el décimo «Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Revolución», centrado en el «pensamiento y obra» del fallecido Hugo Chávez.

En la televisión estatal bolivariana entrevistan a uno de los asistentes, un profesor de Políticas de Madrid relacionado con el régimen, al que introducen también como «el presentador del programa La Tuerka». De entrada, le proyectan un vídeo en el que Chávez hace una advertencia: «¡Miren cómo está Europa, arruinada por el neoliberalismo!». Un drama que el comandante contrapone a su exitoso «socialismo del siglo XXI».

El invitado español se pone empalagoso: «Me ha emocionado escuchar al comandante. ¡Cuántas verdades!». Acto seguido, el profesor Iglesias Turrión explica a la audiencia venezolana que «en España la policía está sacando a la gente de sus casas».

Comenta que «lo que está pasando aquí, en Venezuela, es una alternativa para los ciudadanos europeos». Confiesa sin ambages que «me dan mucha envidia los españoles que viven en Venezuela, que es un ejemplo democrático».

En 1999, recién ganadas las elecciones, Chávez sacó adelante una constitución de fachada cuasi democrática, que garantizaba la independencia del poder judicial y la autonomía del Tribunal Supremo (equivalente al TC y Supremo españoles).

Los veinte magistrados del alto tribunal serían elegidos por mayoría reforzada de 2/3. Con ese modelo se registró un empate ideológico: diez jueces chavistas y diez antichavistas. Pero cinco años más tarde, en 2004, a Chávez la democracia le gustaba cada vez menos y los jueces independientes le molestaban cada vez más. ¿Solución? Una ley que cambiaba la composición del Supremo.

Los jueces aumentarían de 20 a 32 y además serían elegidos por mayoría simple. Con esa treta liquidó la independencia del Supremo añadiendo 12 magistrados chavistas. Un éxito: desde entonces y hasta la muerte de Chávez el tribunal dictó 45.474 sentencias y ni una sola contra el Gobierno.

Esa maniobra autocrática es idéntica a la que intentan ahora Iglesias y Sánchez para acogotar al poder judicial español. Pablo, discípulo agradecido del «comandante» que tanto contribuyó a financiar la causa, le ha enseñado la ruta a Pedro y le ha encantado.

Esto es muy importante. En política el orden de factores sí altera el producto. Yo no discuto que la gente de Podemos quiera recuperar muchos derechos y libertades robados por la derecha durante cuatro años. Pero, ¿cuál es el problema?

Pues que antes de recuperar esos derechos siempre van a anteponer otras cosas, como es el control de los jueces, los policías, los fiscales, los espías y el derecho a la autodeterminación de Cataluña, Galicia y el País Vasco. Siempre van a anteponer eso.

Qué expliquen Iglesias y Monedero que el cambio para ayudar a los parados empieza por controlar a los jueces, los fiscales y los policías. ¡Qué expliquen eso! (PD: lo confieso, he plagiado este último párrafo; son palabras literales de Sánchez en un mitin en víspera de las elecciones de 2016.

En efecto: todo le da igual si le sirve para atornillarse en el poder.

Luis Ventoso ( ABC )