…Y EL PNV SE CUELGA EL LAZO AMARILLO

En medio de la liza catalana, a nadie debiera sorprender que los herederos directos de aquellos que, según Indalecio Prieto, querían convertir el País Vasco en “un Gibraltar reaccionario y un reducto clerical”, se hayan sumado esta semana a la procesión independentista. Contrariamente a lo que decía Prieto, que se las tuvo igualmente tiesas con ERC por su deslealtad, de que el separatismo supone el suicidio por asfixia “y los pueblos no se suicidan”, éstos suelen sentir una irrefrenable atracción fatal por el abismo, arrastrando a los que acompañan a estos flautistas de Hamelín.

Visto lo visto, el presidente Rajoy debió pensar el miércoles que «éramos pocos y parió la abuela» cuando apareció en escena el portavoz del PNV, Joseba Egibar, con un lazo amarillo en la solapa y una carpeta con 17 folios que artillaban una propuesta de reforma del Estatuto del País Vasco que entrañaría, de facto, su independencia cuando lo disponga. Con la estética del independentismo catalán -sólo le faltó vestir camisa negra, junto al lazo- e iguales propósitos, el PNV se echaba de nuevo al monte. Como tres lustros atrás (octubre de 2003) por medio del denominado plan Ibarretxe, cuyo fiasco se saldó con el cadáver político de su promotor y la pérdida del Gobierno vasco por primera vez desde la restauración de la democracia.

Si el lehendakariIbarretxe formulaba una especie de Estado libre asociado, al modo del establecido en Puerto Rico en 1952, el nuevo artefacto nacionalista proclama que el País Vasco goza de un derecho a la autodeterminación prevalente sobre la Constitución. Paradójicamente, el pendulazo del PNV se registra cuando atesora las mayores cotas de poder de toda su historia, pues manda en el Gobierno, las diputaciones, las grandes alcaldías, al tiempo que es cortejado hasta el arrobo por La Moncloa, lo que hace aparentemente inexplicable que trate de ajustar su hora al reloj averiado al secesionismo catalán. Este concierto político se promueve, además, cuando el Gobierno acaba de dispensarle un fructífero cuponazo.

Le urge despabilar cavando con pico y pala en la dirección adecuada, en vez de hundirse retirando tierra bajo sus pies. Además de responder a los principios a los que un partido se debe, el PP tiene que desgastar suela del zapato y sacudir moqueta, en lugar de deslizarse por ella para bailar valses a deshora, si es que los problemas del PP no se han hecho insolubles, en la línea de lo conceptuado por el maestro Linz.

Francisco Rosell ( El Mundo )