POBRE SÁNCHEZ

El papel de Sánchez en el debate de esta noche ha sido verdaderamente penoso. Lo acorraló Casado recordando las razones por las que planteó la moción de censura y explicando en qué ha quedado. E incluso más las dos veces en que le pidió que aclarase si pactaría con Torra, Junqueras y Otegui.

Le dejó sin palabras Rivera al preguntarle por los ERE; también guardó silencio. Iglesias le acorraló con su petición de abstención al PP y ciudadanos para que se abstuvieran. El mejor exponente de lo que ha sufrido Sánchez en el debate es que cuando le criticaban sus rivales, cuando se dirigían a él, no se atrevía a mirarles a la cara. Eso sólo puede ser cobardía. Confieso que hubo momentos que me dio pena.

Y eso empezó a pasar desde su primera intervención, cuando demostró estar muy nervioso. Llegó incluso a prometer otra Vicepresidencia del Gobierno y otro Ministerio. Debe de ser que eso no le cuesta a nadie porque el dinero público, como gusta decir la (todavía) vicepresidenta del Gobierno, el dinero público no es de nadie.

Sánchez tuvo que volver a recurrir a Franco con el que volvió a equipararse al decir que “la España democrática es fruto del perdón, pero no del olvido”, igual que el general decía “Españoles: perdonad, pero no olvidéis”. Y Abascal le respondió muy bien poniendo la memoria en su sitio, algo que también hizo Casado al recordar que él tiene un abuelo republicano víctima. Quedó claro, una vez más, que Sánchez exhumó a Franco por razones electorales. Un acto de propaganda sin matices.

Pablo Iglesias estuvo especialmente hábil para quitar votos a Sánchez -veremos el resultado- denunciando la falta de mujeres en el debate en un tono en el que, confieso, casi se me saltan las lágrimas o pidiendo que el Estado lo pague prácticamente todo. Sólo le faltó anunciar que su Gobierno va a pagarnos la gasolina. En conjunto, hay que decir que fue un debate muy vivo para ser uno en el que había cinco participantes.

El que se decidiese permitir todas las interrupciones que quisieran le dio mucha vida. Quizá a ratos se pisaban demasiado. En todo caso, dudo que lo acontecido cambie sustancialmente la orientación de voto. Entre otras cosas porque nadie cometió un error relevante. Baste decir que el más relevante fue el de Pablo Iglesias cuando se trastabilló y mencionó las “mamadas” cuando pretendía decir las “manadas”. En qué estaría pensando.

Ramón Pérez-Maura ( ABC )

viñeta de Linda Galmor