POCA CÁRCEL Y MENOS VERGÜENZA

Otro, Raül Romeva, a la calle en semilibertad. El club del 100.2 crece singularmente entre los condenados por el golpe del 1-O de tal forma que ya solo quedan literal y todo el día «entre rejas» los exconsejeros Rull y Turull, aunque en breve ambos seguirán la estela del resto de la banda del lazo, a la que las autoridades penitenciarias de la Generalitat han ido sacando parcialmente de la cárcel sin esperar ni a la progresión de grado ni a la reforma del delito de sedición en el Código Penal que les ha prometido el Gobierno de Sánchez.

¿Para qué esperar a estos trámites, más latosos y que se dilatarían en el tiempo, si podemos atajar con el rollo de su reinserción laboral? «Nada nada, vosotros haced que trabajáis fuera y solo tendréis que ir a dormir a la cárcel de lunes a viernes». Y todo en contra del criterio del fiscal, que para alcanzar esta merced penitenciaria cree necesario que los agraciados reconozcan el delito cometido y expresen formalmente que no volverán a cometerlo.

Ninguno de ellos lo ha hecho, más aún, han hecho exactamente lo contrario, como es volver a amenazar al Estado con repetir el golpe. Todo parece estar escrito, quién sabe si no en cualquiera de las mesas (aquella de Pedralbes o la más reciente de La Moncloa) donde Sánchez ha arrastrado a España para que pida perdón a los golpistas.

Cierto que la dignidad de España es más grande de lo que Sánchez se imagina y en realidad el único que se arrastra es él, pero el daño es ya intenso, sobre todo porque lesiona el Estado de Derecho y da alas a quienes lo agreden. Pico y pala, pico y pala, socavando la ley y la paciencia de todos.

Ayer, 2 de marzo, fue San Simplicio y no pudo escogerse mejor fecha para abrirle la puerta de la celda a Romeva, que hay que ser simple para tragarse que va a redimirse «trabajando» en un chiringuito que se dedica a chequear los Acuerdos de Dayton, firmados hace un cuarto de siglo para poner fin al conflicto de los Balcanes, último ejemplo de que el nacionalismo es la guerra, como dejó dicho Mitterrand.

Al parecer, Romeva se va a dedicar a buscar concomitancias entre Cataluña y Bosnia y entre Barcelona y Sarajevo. Solo desde la falta de vergüenza y la infamia se puede comparar aquel tormento balcánico con la burquesía catalana y allegados de ocasión jugando a la independencia.

En España sale tan barato dar un golpe de Estado (ni un cuarto de pena impuesta ha cumplido Romeva) como trivializar el sufrimiento de un pueblo devastado por la guerra.

Álvaro Martínez ( ABC )