Las posiciones políticas de Podemos empiezan a causar hasta conmiseración. Siempre se oponen a todo lo que ellos mismos terminan aprobando desde la mesa del Consejo de Ministros, y después aplaudiendo en el Congreso de los Diputados.

Cada decreto es una prueba de fuego para su coherencia que desnuda todas sus contradicciones. Ocurre ahora con el giro del presidente del Gobierno sobre el Sahara y la soberanía de Marruecos sobre ese territorio, y ocurre con el compromiso de Podemos con la causa del Frente Polisario.

Este partido se indigna por todo, pero la capacidad de aguante de sus ministros, atornillados a los sillones de Moncloa, es incalculable. Parece como si no supieran que hasta pueden dimitir y, entonces sí, denunciar con congruencia cualquier decisión de Sánchez.

Mientras un solo ministro podemita no renuncie, lo mejor que pueden hacer es guardar silencio. Se les nota demasiado su apego de casta al poder.

Debe de ser esta la ‘regeneración revolucionaria’ de la que hablaban.

ABC