PODEMOS NO HA MENTIDO

El acuerdo alcanzado por el Gobierno y Podemos para despojar al PP de su opción de vetar la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el Senado no radica tanto en la capacidad de supervivencia de Pedro Sánchez para gobernar al límite con 84 diputados, sino en una novedosa concepción de la democracia en la que romper los acuerdos no escritos, y el espíritu de consenso de la Transición, ya no está penalizado.

Atribuirse, como ha hecho Sánchez, la legitimidad de gobernar con una minoría de 84 escaños de 350, y negar otra legimitidad, la de la mayoría absoluta del PP en el Senado lograda en las urnas, no deja de ser una perversión del sistema. Es una grieta profunda en nuestro sistema de garantías, de equilibrios y de control parlamentario del Ejecutivo que el legislador nunca previó, de modo que cuando esta Cámara incordia, se la desabastece de competencias modificando leyes de manera forzada, despreciando la mayoría absoluta que las urnas concedieron al PP. Esta preocupante paradoja consiste en saltar sobre la voluntad mayoritaria de los ciudadanos en la Cámara alta para pervertirla en la Cámara Baja. Es legal, pero políticamente dudoso.

Podemos no ha mentido en esta ocasión. Pondrá caro al PSOE el precio a pagar para aprobar sus propios Presupuestos, si es que lo hace y no provoca, como es previsible, un cisma en la izquierda según se acerquen las elecciones. Además se ha delatado sin complejos. No se trata de negociar con el PSOE unas cuentas públicas expansivas, arriesgadas con el déficit y confiscatorias para la clase media. Se trata, como sostuvo ayer Pablo Echenique, de «eliminar la última palanca de poder del PP» y de romper las normas no escritas de nuestra convivencia democrática.

Es un error de Sánchez quedar al albur de Podemos, porque el objetivo de Iglesias nunca se limitará a ser el porta-maletines del PSOE y tarde o temprano la izquierda se fracturará ante las urnas. Además, los equilibrios parlamentarios siguen vigentes.

El PP y Ciudadanos tienen capacidad de retrasar la tramitación de la reforma impuesta por PSOE y Podemos dada su mayoría en las Mesas de Congreso y Senado. Incluso, es previsible que el PP fuerce a un TC mayoritariamente conservador a renunciar a esa política de extraños equilibrios izquierda-derecha a los que se ha acostumbrado, y a pronunciarse sobre el fondo de la cuestión: la perversión de los mecanismos éticos del poder con los que empieza a funcionar nuestra democracia.

Manuel Marin ( ABC )

viñeta de Linda Galmor