PODEMOS SE VUELVE INVISIBLE

La política española vive situaciones tan insólitas como que la tercera fuerza parlamentaria esté desde hace meses desaparecida del debate público, sin pulso, sin ideas y sin iniciativa alguna. La baja paternal de Pablo Iglesias e Irene Montero-sin haberse atajado del todo la crisis por su polémica compra del chalé, que tanto ha minado su credibilidad- ha dejado a Podemos huérfano de dirección, pero sobre todo fuera de juego. Y esto es consecuencia del hiperliderazgo que ejerce el primero en la formación morada desde Vistalegre II, cuando se hizo con todo el poder de la organización y laminó a Íñigo Errejón, su principal antagonista.

Hoy Podemos es una plataforma al servicio de su líder, desdibujada y sin banquillo, que en lo que llevamos de verano ha sido incapaz de aportar nada en los principales asuntos de la política nacional, como el reto migratorio, los escandalosos dedazosde Pedro Sánchez a la hora de repartir cargos públicos o el renovado desafío independentista de Quim Torra.

La gran caída en intención de voto que vienen reflejando todas las encuestas representa, por un lado, un castigo a su errática gestión allí donde Podemos o sus confluencias ya gobierna -sobre todo en el ámbito municipal-, pero también es consecuencia de esa falta de pulso que está llevando a la formación a la irrelevancia. Máxime porque se ha demostrado incapaz de tomar la medida a Pedro Sánchez, a pesar de que estamos ante la muleta principal con la que cuenta el PSOE para mantenerse en el Gobierno.

Los socialistas, justo al contrario, están aprovechando su inesperada llegada a La Moncloa para un rearme ideológico muy combativo y mediático, y se han puesto a la vanguardia de las batallas más movilizadoras para la izquierda, como el feminismo, la memoria histórica o incluso la agenda social.

Incluso en el terreno económico Podemos trata de levantar cabeza imponiendo al Gobierno, a cambio de respaldarle en los Presupuestos, subidas de impuestos a las empresas o a la Banca que los socialistas llevan agitando con bastante demagogia desde julio, hasta el punto de que al presidente le ha dado tiempo de desdecirse ya varias veces. Como en el fútbol, en la izquierda política asistimos a un achique de espacios en el que la formación morada está más constreñida en su portería mientras observa inmóvil cómo el PSOE le gana terreno.

No son pocos, además, los problemas internos en Podemos. Ahí está sin ir más lejos la herida abierta en Andalucía con la guerra que Teresa Rodríguez le ha declarado a Iglesias para constituir una marca propia. O en el País Vasco se acaban de quedar sin su fichaje estrella tras el abandono de Pili Zabala, hastiada de las “malas prácticas y el clientelismo” de la política. A Podemos no ha tardado en pasarle factura convertirse en un partido tan personalista. Y presumía de que nació para no ser como los demás.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor