Pese a que Pablo Iglesias cimentó buena parte de su éxito, cuando eclosionó en la vida política, en una demagogia plagada de promesas de regeneración, la realidad es que cada día que pasa aumentan las sospechas sobre la financiación de Podemos.

A las graves irregularidades detectadas por el Tribunal de Cuentas y los ingresos económicos de Irán a la productora de Iglesias, tal como adelantó este periódico, se suman ahora las evidencias del vínculo entre Podemos y Neurona, empresa encargada de la última campaña electoral de la formación morada y especializada en factura trabajos a gobiernos y dirigentes chavistas.

EL MUNDO revela hoy que el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales (Sepblac) remitió el pasado mayo un informe de inteligencia financiera a la Policía y la Guardia Civil alertando de los lazos entre Podemos y Neurona.

El documento detalla que esta sociedad, poco tiempo después de su constitución en marzo de 2019, recibió en una cuenta bancaria transferencias por importe de unos 400.000 euros ordenadas por la coalición de IU con Podemos.

Esta cantidad corresponde a pagos correspondientes a la campaña electoral de las generales de abril del pasado año, aunque la mayor parte de los fondos fueron luego transferidos a México «a favor de una sociedad».

Desde este periódico hemos defendido en reiteradas ocasiones que la acumulación de pruebas sobre presuntas irregularidades en sus cuentas exige que el líder de Podemos ofrezca cumplidas explicaciones. No basta con disparar contra los medios de comunicación, como hizo de forma inaceptable Echenique tras la revelación en estas páginas de la investigación del Tribunal de Cuentas.

Pablo Iglesias necesita desviar la atención sobre las acusaciones que acorralan a Podemos y de ahí que los propios socialistas consideren que la campaña contra la monarquía, a raíz de la salida del país de Juan Carlos I, obedezca no solo a la indisimulada voluntad de erosionar el marco constitucional sino a la necesidad de tapar los indicios de irregularidades que pesan sobre Podemos intensificando el debate sobre la forma de Estado.

Esta irresponsable conducta encuentra el reproche de la ciudadanía. Según una encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, casi el 42% de los españoles considera que hay una campaña orquestada por los socios del PSOE para derribar a la monarquía, mientras que el 54% se muestra partidario de la salida de Podemos del Gobierno.

Estas elocuentes cifras deberían hacer reflexionar a Sánchez. No se puede defender el consenso de 1978 y, al mismo tiempo, gobernar de la mano de quien aspira a romper el pacto que ha posibilitado el periodo de mayor prosperidad y bienestar de la Historia de España.

Si Sánchez quiere arropar a la monarquía, debe romper con sus aliados populistas. Máxime si, además, éstos arrastran fundadas sospechas sobre el origen de sus finanzas.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor