¿Ha sido habitual en lo que va de reinado, que el Rey Felipe VI al retomar su actividad tras las vacaciones de verano tenga un encuentro con varios tenientes generales y coroneles?.

La pregunta está planteada, y a mí personalmente me hace pensar. Me hace pensar que las cosas pueden estar peor de lo que nos parece.

    Para empezar no es descartable que estemos ante inminentes revueltas más o menos numerosas de personas que muestren su oposición contra un Gobierno a la deriva sostenido por chusma y gentuza, y que se llegue a utilizar la violencia; sin descartar una quiebra en el Estado como consecuencia de un alzamiento independentista. Lo que daría pie a que como último recurso se tuviera que echar mano del Ejército para reconducir una situación límite.

    Sin descartar esta posibilidad a tenor de lo que se nos viene encima como consecuencia del coste energético; el alza de los precios con una subida superior a la media de la Eurozona; el paro que sobrepasa la media de Europa y que aumentará como consecuencia de los despidos que ya comienzan a estar en la previsión de las empresas, y un coste de la vivienda, bien de primera necesidad, que sigue imparablemente al alza especulativa… Es de todo punto de vista natural y lógico que el Rey este preocupado.

    Pero hay más. De ahí que diga que la reunión del viernes 2 de septiembre en Zarzuela me haga pensar, porque a lo anterior sumamos. El respaldo de la ONU al separatismo catalán (el caso vasco está completamente perdido), considerando que a los políticos catalanes alzados contra el Estado se les violó sus derechos.

La Ley de Memoria Democrática Socialista sellada con el apoyo de los acólitos de ETA y de los separatistas que ya sólo necesita el aprobado del Senado, que es un arma arrojadiza que recrudecerá la división entre los españoles, de por sí divididos y enfrentados, hasta el extremo de odiarnos.

La pérdida de masa arbórea, al margen de otros desastres que han provocado los incendios, muchos de ellos evitables si se hubiera hecho una buena política de limpieza de montes, cuyo dato contrastado es que España acumula el 37,7% de las hectáreas que se han quemado en toda la Unión Europea en lo que llevamos de 2022, sumado 371 focos diferentes.

La presumible posibilidad de tener que racionalizar el agua por no haberse previsto alternativas a las condiciones de las transferencias de recursos hidráulicos entre los distintos territoriales ni haber existido planificación sobre el uso de recursos que afecten a aprovechamientos existentes para abastecimiento de poblaciones o regadíos.

    Sin descartar. El “aviso” que le ha dado la UE al Gobierno del PSOE presidido por Sánchez por las medidas fiscales que ha tomado que pueden conducirnos a una situación de mayor pobreza económica. La gravísima situación que ya tenemos en muchos barrios de ciudades de toda España con un aumento de la delincuencia, fundamentalmente juvenil, consecuencia de una inmigración descontrolada como se ha podido comprobar recientemente en los disturbios de Alcalá de Henares con las llamadas “bandas latinas”, contra cuyos componentes, auténticos o potenciales asesinos, no se actúa acorde a su peligrosidad.

   A lo que habría que añadir una cultura sostenida sobre el hedonismo, el placer, cuya consecuencia palpable es el fracaso escolar, el mayor de Europa; el alcoholismo entre nuestros jóvenes, a la cabeza de los europeos; que las chicas, incluso niñas, vayan en sujetador por la calle, y en las cuadrillas de violadores, también en esto a la cabeza de Europa.

    Y esta situación, con una Justicia totalmente desprestigiada, controlada y pautada por el poder político, en la que ningún español decente cree.

    Nunca me imaginé hablando de confrontaciones civiles, pero si se ha hablado de esa posibilidad en Estados Unidos, bien haríamos, por remota que sea, tener este peligro muy presente, siendo, como somos, un país caliente, ordinario y fratricida.

    ¿Podría producirse en España una situación límite?… Y si es así, ¿cuál sería la solución?

¿Se habló de esa posibilidad el viernes 2 de septiembre en Zarzuela?

Pablo Gasco de la Rocha (El Correo de España)