POLICÍA: UN BARCO SIN GRACIA

Un mes y medio después de que atracase en el puerto de Barcelona, el barco de Piolín sigue alojando a los policías destinados a Cataluña. Su movilización está del todo justificada teniendo en cuenta la gravedad del desafío secesionista.

Lo que es inadmisible es que los agentes duerman en camarotes de cuatro o seis metros cuadrados, les sirven un menú de comida muy deficiente y no disfruten de permisos. Algunos de los casi 3.000 policías y guardias civiles embarcados en los tres cruceros contratados por Interior llevan más de un mes.

Su sacrificio forma parte de su servicio a la patria, pero el Gobierno debe asegurarse de que dispondrán de unas condiciones óptimas de alojamiento.

El Mundo