POLÍTICA, ACTO DE AMOR

Dijeron que el amor es el arquitecto del universo, la búsqueda del bien y de la belleza, de los derechos y de la igualdad, la última filosofía de la tierra. Tenemos, según Platón, dos alas para volar, la razón y el amor. Entregarse desinteresadamente a una causa con pasión es una forma de enamorarse para crear vida y buscar la felicidad. Aunque parezca una contradicción, el amor puede ser una de las fuerzas secretas y poderosas en la lucha de clases. El amor, según Marx, permite al hombre elevarse a ser hombre.

En una de las apasionadas cartas que escribe a su mujer, Jenny, le dice que ninguna madona de las iglesias ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con tanta veneración y enternecimiento, «mi adorada como esa foto tuya, con tu hermoso, encantador y dulce rostro». Añade: «El tiempo le sirve a mi amor tan sólo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante». El filósofo de la praxis murió de pleuresía, pero sobre todo de una devoradora tristeza, dos años después de que ella muriera en Londres, según asegura Engels.

Desde los griegos se da el nombre de amor a multitud de quimeras, no sólo al apareamiento rodeado de lírica de los poetas sino también a ese deseo de cambiar el mundo y buscar la utopía y la felicidad, aunque sea al borde del precipicio. Para los filósofos de la Ilustración el amor es una tela que borda la imagen y reina en todos los actos de la naturaleza y de la razón. Puede surgir una pasión al fascinarte por un discurso o una arenga política. La gente, a veces, se vuelve loca por sus líderes.

«La política es un acto de amor» fue una de las frases de la noche en el debate de los candidatos andaluces. La pronunció Teresa Rodríguez, que es una política arrolladora, aunque parece que no estuvo acertada en su intervención: pero su frase sonó a gloria en medio del intenso olor a cloacas de la política española y andaluza.

Si hacer el amor puede ser un acto político, hacer política también puede ser un acto de amor. Ahora, cuando la acción pública se mueve por las cloacas y las peleas de taberna, Teresa Rodríguez parece recordar aquella carta del Che: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor».

Ya descubrieron los griegos y los romanos que uno de los castigos por rehusar a participar con pasión en la política es el de ser gobernados por gente inferior a ti. Como ahora, que estamos dirigidos por rufianes y golpistas.

Raúl del Pozo ( El Mundo )