POLÍTICA: GROSERÍA E IDIOTISMO

Plutarco, la luz que nunca se extingue, aconsejaba a los políticos afinar sin efectismos las formas de sus discursos como modo de persuasión -acompañando sus frases con elegantes movimientos de la toga- y hablar con voz potente y con los pulmones llenos de fuerza.

Según el griego-romano, la arenga no debe ser teatral ni erudita, aunque sí admite máximas, relatos históricos, míticos y metáforas, con sarcasmos y bromas siempre que se responda a una provocación. Recomendaba a los oradores renunciar a la sinceridad en beneficio de la belleza. ¿Qué diría del nivel de nuestros diputados y senadores que renuncian a la sinceridad en beneficio de la vulgaridad y la demagogia?

En el Congreso de los Diputados, entre Zorrilla y la Carrera, no esperemos que alguien alcance el nivel de Azaña o que truene un Castelar con aquello de: “Grande es Dios en el Sinaí, el trueno le precede, el rayo le acompaña…”. Pero sí nos mereceríamos debates en los que la retórica no se basara en las coces y en los insultos de taberna. Como en la última moción de censura, nunca volaron tan bajo los buitres. Unos se acusaron a otros de estar pudriendo el sistema. Los separatistas vencedores de la crisis de la nación utilizan su típica neojerga llamando fuerzas de ocupación a los que defienden la ley; democracia, al apedreamiento de la Constitución y exiliados, a los cobardes.

Se ha envilecido la política en todo el mundo. Los gobernantes y diputados no hablan para los ciudadanos, sino para la televisión. Practican el descabello, no el temple o el arte de la persuasión. Amando de Miguel escribe que el lenguaje de la esfera pública se ha hecho coloquial. Lo de menos es que imiten el lenguaje de la calle o que sigan saqueando el inglés y el francés con su jerga economicista y sus neologismos de fortuna. Se les ha criticado por abusar de los anglicismos, galicismos y otras pedanterías extranjeras.

Pero, como dijo Juan Gelman: “Cuando Lope dice ‘siempre mañana y nunca mañanamos’ agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas”. Y pone el ejemplo de ingenio lingüístico en las palabras nuevas que usa Cervantes: “Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo”.

La redes sociales son un manantial y un arroyo de vocablos inéditos, recién bautizados. Todas las palabras fueron primero neologismos, no hay que temerlos. A lo que hay que temer es a la perversión del lenguaje después de Trump y el ascenso del populismo, que han sustituido la reflexión por la grosería y el idiotismo.

Raúl del Pozo ( El Mundo )