Yo no entiendo a Casado. Salvo que haya cartas en la manga que no están al descubierto en este juego de truhanes y aprendices de brujo, verdaderos trileros de la política.

Y tampoco entiendo a los antecesores a Casado, sobre todo a Rajoy que desaprovechó las posibilidades de la mayoría absoluta; no lograda por méritos propios sino por el paso de Zapatero que no pudo ser más nefasto para los intereses de los españoles que es lo mismo que para el bien común.

Parece que los dirigentes del PP son la quinta columna para poner la alfombra roja a los socialistas para que se eternicen en el poder laminando cualquier posibilidad de defensa y desarrollo de nuestra soberanía nacional.  Y no olvidemos que soberanía significa voluntad general, o ejercicio del poder del soberano, es decir del pueblo.

Pero estos partidos que configuran el actual marco partitocrático entienden la soberanía como capacidad de las sectas políticas para hacer lo que les venga en gana. Votar no sirve para nada pues no se respeta la voluntad general que es la defensa de la casa común de los españoles.

Si sirviera, se desterrarían las políticas de disgregación y descomposición que ceden el mando de la nave que es España a los verdaderos urdidores de la laminación de los derechos y libertades ciudadanas que se reflejan en la letra y el espíritu de la ley de leyes, a no ser que ese espíritu no sea el que entiendo yo y sea algo más esotérico. Ya me entienden ustedes que son muy inteligentes.

Rajoy pudo cerrar la vía a la modificación cognitiva de las masas, es decir, la modulación de las percepciones de la realidad concebida por  ese cuerpo común que llamamos ciudadanía a la que se ha sometido a un baño de ignorancia de nuestro pasado y se le ha imbuido nuevas doctrinas sustitutorias de nuestra forma tradicional de ver la vida, para que esas masas dejen a los individuos sin capacidad para pensar por sí mismos.

Me refiero al adoctrinamiento descarado en las aulas y su vaciamiento de todo conocimiento humanístico que tenga relación con nuestro pasado, y al control e instrumentación de los medios de comunicación para que germine la desinformación programada, etc.

Es decir, que si la izquierda y los nacionalismos separatistas son la encarnación del mal,  la oposición al progreso de verdad que es crear las bases de la generación de riqueza, el impedimento estructural a la reafirmación de la autoestima común sin resquebrajar nuestro sentido de unidad, y la descomposición más absoluta de los valores que dan sentido a nuestra antropología milenaria, Rajoy y Casado representan al colaborador necesario para llevar adelante esos planes que nos alejan  de cualquier posibilidad de recuperar el más mínimo atisbo de ser lo que fuimos.

Rajoy no solamente no aprovechó la magnífica posibilidad que le proporcionaban los millones de votos que esperaban otra cosa, sino que reforzó la línea argumental de la izquierda. El sabrá por qué, y no estaría mal que informara de aquel viaje siniestro que hizo a Méjico, como también debería explicar Zapatero sus viajes constantes a Venezuela y su pertenencia destacada al Grupo Puebla (Foro Sao Paulo). Y Sánchez sus vinculaciones supuestas con ese artífice del satanismo que es Soros.

Casado no puede estar más en el desatino críptico que le envuelve.  Cada vez que surge en la familia popular alguien que da las pistas de cómo recuperar el electorado perdido por el centro liberal, Casado le corta las alas. Bien sea Cayetana Alvarez de Toledo  o, actualmente, Isabel Ayuso.

Es como si quisieran consagrar el síndrome de la mediocridad instituida como elemento básico de las políticas de centro.  El medio no es lo mismo que el centro geométrico. Uno puede considerarse tibio, timorato, cobarde y no estar en la virtud, pero eso no tiene por qué ser el punto situado en lo que llamamos centro.  No siempre los extremos son lo más pernicioso. En el fútbol los extremos meten los goles.

Podríamos poner sobre el tapete múltiples muestras de la incapacidad para sacarnos del marasmo: la insolvencia intelectual para llevar a cabo una política que preserve el Estado de Derecho, reforzando mecanismos de separación real del poder judicial respecto al resto de poderes, y apoyar a los jueces. O creando las bases ciertas no simplemente cosméticas de libertad de empresa, retirando los impedimentos que dificultan  la inversión y la iniciativa empresarial.

Esto también forma parte del combate cultural, que consiste en hacer más fácil la vida de los ciudadanos y crear las bases de la riqueza. Pero no. Casado, igual que Rajoy, por no ir más para atrás en los próceres populares, han seguido con las políticas implantadas por los socialistas. Y ya se sabe… ente el original y la copia la gente suele elegir al auténtico.

La política española está caracterizada por la traición sistemática a los programas electorales presentados al foro de las urnas. Tanto es así que ya pocos leen los compromisos de gobierno presentados en las lizas electorales pues se incumplen sistemáticamente y las promesas levantan sonrisas pues son la pauta sistemática para hacer, precisamente, lo opuesto a lo prometido.

La mentira es la pauta que rige en esos discursos vacíos de todo contenido axiológico desde hace décadas. Política y mentira es un binomio al que nos tienen acostumbrados. Y la generalización en este caso puede ser injusta.

Llaman democracia a lo que no lo es, y engañan al personal. Hace tiempo que la democracia es un espejismo que ha desvirtuado el mandato constitucional dejándolo en una mera declaración de intenciones. Habría al respecto tantos elementos a desarrollar en este artículo que acabaría siendo un ensayo sobre el desatino.

Volviendo a Casado, éste mal llamado líder, es lo más representativo del ya clásico político que intenta rodearse de equipos sin criterio cuyo único deseo es prolongar su estancia en las poltronas porque no han conocido otra forma de ganarse el condumio que no sea el vivir de prestado.  Gente que no haga sombra al faraón, porque ya se sabe… en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

Y así las cosas van como van. Probablemente porque Casado y Sánchez puede que nos tengan guardado en la chistera el conejo de la suerte que consistiría en un gobierno de coalición cuya finalidad es preservar al bipartidismo y darnos la imagen falsa de toda falsedad de que hay que salvar a España cuando las cosas se pongan muy, pero que muy mal, que no tardaremos más de un lustro en comprobarlo con nuestros propios ojos.

Así, estos personajes de zarzuela se garantizarán una continuidad en el escenario de las cosas imposibles. Entre bambalinas se establece el reparto de papeles. Empieza el sainete.

Ernesto Ladrón de Guevara ( El Correo de España )