“Política para adultos”, es el título del ensayo que publicó hace meses Mariano Rajoy pensando que existe ese perfil en el parlamento y otras instituciones, pero yo les aseguro que predica en el desierto, porque, salvo las honrosas excepciones ,el espectáculo que dan los parlamentarios merecería otro calificativo.

El gallego deberia haberse atrevido a poner en la portada del libro la frase «Política para adúlteros» que es un título mas sugerente y define mejor a algunos de esos personajes, no tanto en su acepción de traición a la pareja o afición por la coyunda compulsiva con sus amantes, sino en su vertiente de desprecio a la palabra dada o el compromiso de lealtad adquirido con los electores,  porque el político por lo general  es un personaje infiel, que sobrevive en el regate corto, la mentira reiterada, el incumplimiento de sus promesas y la traición a los principios que algún día juró cumplir.

Creo que el servicio público institucional de la politica se presta a ser un gran fraude debido a que la estructura política democrática es la única que convierte a sus miembros en ciudadanos protegidos frente a las leyes con el pretexto de que deben ser inviolables en el ejercicio de sus funciones, aunque cometan excesos contemplados en el código penal.

El nivel de tolerancia con los abusos y mentiras de los políticos va por barrios: a los golfos de izquierda les defienden sus votantes y a los de derecha los suyos, como corresponde a una sociedad que tolera esos comportamientos y por eso tenemos los políticos que nos merecemos y la sociedad que hemos fabricado.

Llamamos «Fiesta de la Democracia» al día que se celebran las elecciones, porque es la única ocasión en la que pensamos que podemos decidir quiénes queremos que nos gobiernen, pero ellos no tardan en provocarnos un coitus interruptus antes de que empiecen las negociaciones cuando deciden no ponerse de acuerdo en nada.

Para ellos la política vonsiste en no ponerse nunca de acuerdo con la compertencia, salvo que encuentren una razón que convenga a sus intereses personales o partidistas.

La política siempre ha casado bien con el engaño, el oportunismo y la mentira envuelta en papel de regalo. Es decir la traaicón a los votantes.

¡Vivan los adúlteros!

Diego Armario