EL 1 Y 2 DE MAYO DE LA IZQUIERDA: RITOS Y MITOS

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EL 1 Y 2 DE MAYO DE LA IZQUIERDA: RITOS Y MITOS

Desde hace algunos años, Podemos puso en marcha una operación de apropiación del significado político del 2 de mayo. El año pasado Errejón tuiteaba: «Hoy en Madrid recordamos el levantamiento del #2deMayo. Símbolo de resistencia, pero sobre todo de construcción de voluntad popular». En 2016, Pablo Iglesias afirmaba en un vídeo colgado en la misma red: «Algunos han querido interpretar el 2 de mayo como una defensa de los privilegios y la monarquía, y no entienden que lo fundamental de esa fecha fue el protagonismo popular».

Puede que el interés de Podemos por construir un relato nacional-popular en torno a las gestas de los capitanes Daoíz y Velarde esté supeditado a la lógica electoral de 2019, que tiene en la Comunidad de Madrid uno de sus principales objetivos. Sin embargo, no deja de ser interesante este acercamiento a un símbolo político que encuentra su origen en el patriotismo liberal español.

No es la primera vez que la izquierda española trata de redefinir el significado político del 2 de mayo. En la Guerra Civil, tanto Dolores Ibárruri como Santiago Carrillo hicieron suyo el mito. La primera, en un mitin celebrado en el Madrid de 1936 invitaba a los asistentes a «demostrar que son dignos descendientes de los héroes de la Independencia». El segundo, siendo en 1937 dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas, afirmó: «Por primera vez, la juventud proletaria de España celebra el aniversario del 2 de mayo. Hasta ahora la conmemoración había venido siendo el privilegio de las castas reaccionarias de nuestro país (…). La JSU reivindica en el día de hoy esta fecha, la toma para sí, porque esta fiesta nos la habían venido robando, porque la independencia la ganó el pueblo».

Las palabras de Carrillo son clave: explicitan el giro patriótico del discurso obrero. El marxismo, con el énfasis en la lucha de clases como motor de la historia, afirmó el inevitable enfrentamiento entre dos sujetos colectivos: la clase y la nación. Y desde que la Segunda Internacional decretó en 1889 el Primero de Mayo como fiesta mundial de los trabajadores, en España ambas fechas rivalizaron con sus mitos, ritos, mártires y héroes. Dos religiones civiles diferenciadas.

La fundación del PSOE el 2 de mayo de 1879 en la madrileña calle Tetuán se inscribe en esta lógica de contestación. El 2 de mayo era burgués y nacionalista; el Primero de Mayo, proletario e internacionalista. En una carta de Engels a los obreros españoles, publicada en El Socialista el 1 de mayo de 1893, podía leerse: «La revolución del proletariado lo trastoca todo, hasta la cronología. Los obreros españoles, que en otro tiempo conmemoraban el 2 de mayo, hoy celebran el 1. De suerte que el 1 de mayo, por lo menos en España, viene después, y no antes, que el 2, diga lo que diga el calendario».

La Guerra Civil hizo que culturas políticas ajenas al liberalismo, en ambos bandos, abrazasen el mito del 2 de mayo apropiándose del potencial movilizador de la idea de liberación nacional. Y la apelación funcionó porque el 2 de mayo ya había sido incorporado por casi todos los partidos y corrientes ideológicas a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Este hecho debería invitar a revisar otro mito: el del fracaso del liberalismo español.

Jorge del Palacio ( El Mundo )

viñeta de Agustín Muro