ADA: BOTA DE ORO

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ADA: BOTA DE ORO

En Cataluña quisiera yo ver a Quinto Tulio Cicerón, hermano pequeño de Marco, que le dio a éste consejos para ganar elecciones a cónsul. Le advertía que las promesas no cuestan nada y que hay que desacreditar a los adversarios. Según las encuestas, en las que nadie cree, los catalanes no lo darán todo por la patria sino por los partidos. Siguiendo el canon de la últimas catástrofes, el voto ha dejado de ser racional para ser emocional; por eso, las encuestas ya no pertenecen a la demoscopia, sino a la psiquiatría. Si no hay apenas variaciones en la intención de voto independentista -después de haber hundido Cataluña- es que no entendemos nada de lo que está pasando. Según los sondeos, dos batallones de la derecha, dos batallones de la izquierda y dos batallones independentistas lucharán para reconstruir las instituciones de Cataluña o para acabar de destruirlas. Los márgenes serían los mismos que se repiten -un escaño arriba, un escaño abajo- desde hace 20 años.

Ya no hay dos Españas sino 17; lo que hay son dos Cataluñas. Si empataran, el resultado estaría en la bota de oro de Ada Colau. La supuesta victoria de ERC va a ser amortiguada por la campaña virtual de Puigdemont. Me informan: “Marta Rovira será muy republicana, muy ERC, pero es muy sectaria”. Ada Colau, “emperatriz de la equidistancia” ahora, según Miquel Iceta, entre Barcelona e independencia, eligió independencia. Pero tiene un gran candidato, Domènech, historiador, que propondrá el encaje con una especie de fuero a la navarra con mucha retórica. Una propuesta neocarlista y cisterciense de infanzones en el momento en el que Albert Rivera pide en el Congreso que se acaben las excrecencias medievales del sistema autonómico.

Mi kung-fu en el palacio gótico resume: “Los resultados del 21 de diciembre van a ser muy parecidos. En escaños ganarán los partidos independentistas y si añades a los Comunes de Ada, imagínate el Govern: más de lo mismo. Una ley por allí, una sentencia del Tribunal Constitucional por acá, una manifestación un poco más allá y una sentencia anulándolo todo. Así año tras años hasta no aguantar más. Una tortura. Y mientras tanto, nuestros mediocres políticos luchando por disimular y permanecer a costa de todo. Lo único que les interesa es ocupar los puestos y los salarios aunque sea en un desierto”. Los cambios tecnológicos están convirtiendo los parlamentos en el patio de recreo y las elecciones en un disgusto. Aunque quizás dentro de poco, cuando nos pregunten por Cataluña, tendremos que esforzarnos en recordar dónde está y quién fue aquel president que su locura le llevó a querer exilarse en su propia casa.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor