Ada Colau, aquél día faltó a clase

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Ada Colau, aquél día faltó a clase.

En España hay gente que estudia y trabaja, y otros que viven del cuento hasta que se mueren. Resulta curioso que estos últimos son más longevos tal vez porque, como tienen la mamandurria asegurada a cargo del contribuyente, se llevan menos disgustos a lo largo de su improductiva vida.

Lo cierto es que aprenden pronto a ser mala gente, porque su verdadero trabajo consiste en cubrirse la espaldas y atacar por detrás a sus enemigos, que generalmente son del su mismo sindicato.

No obstante, aún les queda suficiente mala baba para odiar a otros que no compiten con ellos ni quieren quitarles el puesto, porque además de que han estudiado y se han ganado el trabajo que desempeñan, se sienten orgullosos de lo que hacen y no tienen envidia de los mediocres.

El otro día, con una enorme carga de ingenuidad, me preguntaba una persona que por qué no se les exige un mínimo nivel cultural y de experiencia laboral a quienes acceden a un cargo público de cierta responsabilidad, y la respuesta que le di fue  ”Porque si así fuese, Ada Colau jamás habría llegado a ser alcaldesa de Barcelona” .

Cuando alguien en su currículo dice que no acabó la carrera, pero que hizo un Erasmus y luego se dedicó a ser activista social, siempre hay que entender  que es un inepto, bastante inculto, generalmente soez, que ha sustituido las horas de estudios por las de asamblea y, no sé por qué razón, lleva camisa o blusa oscura bastante sudada, a la altura del sobaco.

Eso sí: cuando trincan, trincan un buen sueldo público.

Cuento esto porque creo que a las instituciones hay que ir aseaditos de cuerpo y de mente, por respeto al lugar y a quienes representan.

Cuando unos van en mangas de camisa, como el camarero del Bar Manolo, o vestidas como la respetable señora María, sin ser camarero o ama de casa, acaba tratando a los ciudadanos como si fuesen sus sirvientes.

Algo de esto sucedió ayer en el Salón de la Enseñanza de Barcelona, que no es un mal sitio al que deberían ir con más frecuencia, algunos de estos personajes, a ver si aprenden algo de algo, aunque solo sea educación y buenas maneras.

Mientras lo visitaba, la alcaldesa de Barcelona, fue saludada por  dos oficiales del ejército  y ella les dijo que no eran bienvenidos en aquel lugar.

Lo de esta señora es perfectamente comprensible porque  el día que  dieron clase de educación, de buenas costumbres y de dignidad institucional, ella no fue al colegio.

Sinceramente creo que la Ciudad Condal se merece algo más digno y de elevado nivel,  porque el mal estilo que viene imponiendo una señora que antes estaba en contra de los desahucios y ahora los promueve, no va con la tradición de los catalanes.

Diego Armario

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