ADIÓS, CIUDADANOS

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ADIÓS, CIUDADANOS

Ciudadanos ha perdido en los últimos días su razón de ser. Albert Rivera se ha evaporado en el papel que se había adjudicado a sí mismo de muñidor de cualquier acuerdo entre PP y PSOE, el personaje imprescindible para que los dos grandes partidos pudieran entenderse sobre cualquier materia. Socialistas y populares han acordado a sus espaldas subir impuestos, fijar el porcentaje de déficit autonómico, elevar el salario mínimo, hacer las cuentas del techo de gasto que el Gobierno va a enviar a Bruselas y lo único que han dejado al tercero en discordia es la capacidad de sumarse a ese pacto. Seria ridículo que a estas alturas se bajaran del carro que ellos patrocinaban como imprescindible para que España deje de funcionar aunque a los otros dos no les hagan falta sus 32 escaños para sacar adelante cualquier medida en el Congreso.

En el Gobierno insisten en que consideran vigente su acuerdo con el único partido que votó que sí a la investidura de Mariano Rajoy. No lo van a romper, pero tampoco le van a dar a Rivera ni agua. El presidente nunca se ha entendido con él, en privado se queja de que cuando se reúnen su interlocutor habla y habla pero apenas sí se calla para escucharle. Su cierre de filas con PSOE y Podemos para hacer perder al PP las primeras votaciones de la nueva Legislatura ha levantado ampollas en el Ejecutivo. Los negociadores populares no se fían de sus interlocutores de Ciudadanos porque estos filtran todo lo que hablan las dos partes. Lo contrario que los socialistas, que han cerrado sus acuerdos con el Gobierno de los últimos días a la chita callando, en una negociación de la que apenas se ha conocido nada.

Apenas se sabe que Rajoy lleva la interlocución con Javier Fernández, con el que habría cerrado el acuerdo entre los dos grandes partidos en torno al techo de gasto y el salario mínimo interprofesional. Se desconoce hasta qué punto Cristobal Montoro ha presionado a los presidentes autonómicos socialistas para que estén dispuestos, como parece que están, a negociar los Presupuestos a cambio de aliviar la penosa situación financiera de sus comunidades.

Rivera ha tenido en el último años dos momentos de gloria parlamentaria: La primera, en febrero pasado, cuando pactó con Pedro Sanchez un acuerdo de Gobierno que a punto estuvo de instalarse en el poder; la segunda, cuando apoyo la investidura de Rajoy tras firmar un pacto con 150 cláusulas mas exigentes de las que había impuesto a los socialistas. En ambos casos trato de hacer de bisagra para conseguir primero que Rajoy apoyara a Sánchez, luego lo contrario. En las dos ocasiones falló. Ahora tendrá que decidir cuál es su nuevo papel en el escenario político de entendimiento PP-PSOE que acaba de estrenarse.

Curri Valenzuela ( La Razón )

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