EL ADOCTRINAMIENTO Y LA MÍMICA DEL GOBIERNO

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EL ADOCTRINAMIENTO Y LA MÍMICA DEL GOBIERNO

Inculcar el sentimiento nacionalista en la sociedad hasta el punto de tutelar un férreo control en casi todos sus ámbitos ha sido una de las fijaciones del separatismo desde los años 80. El pujolismo diseñó una arquitectura jurídica con una doble orientación: imponer el catalán en la Educación a través de la inmersión lingüística y extender este modelo fuera de Cataluña. El adoctrinamiento en las escuelas de Baleares y la Comunidad Valenciana es, precisamente, consecuencia directa de la política pancatalanista desplegada por la Generalitat.

En ambas comunidades, la connivencia entre el PSOE y los nacionalistas está amparando un sistema similar al que se aplica en Cataluña, con los resultados conocidos. El calado social que supone el desafío independentista sería impensable si no fuera por el arraigo en edad escolar de una ideología del odio sustentada en el desprecio a España y a su historia. De ahí que resulte temerario calcar los mismos errores en regiones que el nacionalismo catalán siempre ha integrado en la entelequia de los Països Catalans. Tapar los oídos a los alumnos, que los padres hablen por señas e imponer el catalán en las conversaciones entre profesores reflejan el adoctrinamiento en escuelas de Baleares y de la Comunidad Valenciana, después de que los dos gobiernos autonómicos hayan adoptado un modelo orientado a discriminar a los alumnos que se expresan en castellano.

La vulneración del derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en español es tan grave en Baleares que, tal como publicamos hoy, ha forzado a familias enteras a exiliarse a otras comunidades. Lo hacen hartas de la discriminación que sufren sus hijos, del uso político torticero que hace el nacionalismo de la escuela y del fanatismo catalanista que relega el castellano “a la hora del bocata”. Según denuncian asociaciones como el Círculo Balear o la Plataforma Valencianista, se producen escenas surrealistas como ver a un inmigrante haciendo mímica para tratar de comunicarse con el docente, ante el empeño de prohibir hablar en castellano delante de los alumnos.

Lo preocupante, en todo caso, es la mímica del Gobierno. El atropello al que la lengua española está siendo sometida en varias CCAA -no sólo en Cataluña- exige que el Ministerio de Educación abandone su silencio y active medidas coercitivas que vayan más allá de las promesas de refuerzo de las inspecciones. No sólo está en juego la homogeneización del sistema educativo, ya muy dañado por el disparate de disgregar una competencia medular en 17 taifas. Está en juego la cohesión nacional.

El Mundo

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