Aguas cenagosas

negrete

Aguas cenagosas.

No hay pudrición que venga de fuera. Ni en moral ni en política. Se pudre la vida agotada. Por sí sola. Y, al pudrirse, pone a la vista de todos lo que todos hubieran debido saber a tiempo: que el organismo estaba enfermo desde su origen.

Vivimos el momento histórico en el cual se precipita la necrosis de un Estado. Puede que de una nación. Entre el miércoles y el viernes, los juegos de masacre se dispararon. Aquellos benefactores que enarbolaban la defensa de los desprotegidos ciudadanos a quienes sangraron los bancos, han resultado ser ingeniosos salteadores. Los filantrópicos justicieros eran sólo refinados chantajistas.

Y un ministro a cargo de la pieza clave del desarrollo económico moderno, la industria, era fulminado por ejercer lo que otro de sus colegas designó como «lo incompatible» con un gobernante. Puede ser fascinante, como objeto de análisis o experimento de laboratorio, esta aceleración del tiempo. Para el ciudadano, sobre cuya cabeza silban las balas, sólo es señal de alarma. Del Estado, poco a poco, van quedando sus escombros.

Gabriel Albiac ( La Razón )

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