Albert Rivera como problema Nacional

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Albert Rivera como problema Nacional.

¿A usted le parece democrático que un partido gane unas elecciones y que, luego, mediante coaliciones, sean otros los que gobiernen?” Quien se hace esta pregunta retórica es nada menos que Giovanni Sartori. Sartori es uno de los más importantes politólogos y teóricos de la democracia. Acaba de cumplir 92 años, sólo tiene que rendir cuentas ante Dios y la historia.

Y naturalmente no está de acuerdo con este sistema de democracia representativa que ha llevado al poder a la izquierda en Portugal, a pesar de que el partido de la derecha fuera el más votado, o a la primera magistratura italiana a Mateo Renzi, del que Sartori dice: “es un escándalo que sea presidente del Gobierno alguien que sólo ha sido elegido jefe de su propio partido. Es un abuso”. “Yo propongo que se prohíban las coaliciones, que cada partido concurra solo a los comicios. El partido que obtiene más votos es el que debe gobernar: ese es el principio de la democracia. Por supuesto debe gobernar con todas las precauciones y controles necesarios”.

Yo desayuno todos los días con simpatizantes de Rivera que están perplejos. No entienden por qué se va a oponer en la primera manga a la investidura de Rajoy y luego se va a abstener. Se va a “abstener técnicamente”, dice. ¿Se puede ser más estúpido? La gente corriente, la que desayuna churros o barritas, detesta los juegos florales. Cree que son una pérdida de tiempo impropia de quien aspira a regenerar la democracia y cambiar el ‘statu quo’. Ya que no disponemos del sistema mayoritario por el que aboga el gran Sartori, y que los electorados del Partido Popular y de Ciudadanos son, en su mayor parte, la misma familia, lo lógico sería fraguar un acuerdo rápido que permitiera sumar los escaños de ambos a cambio de algunas reformas políticas sobre las que el consenso puede ser relativamente fácil, siempre que quede a resguardo la política fiscal que exige la UE y las palancas para mantener viva la máquina de creación de empleo.

Pero el señor Rivera no está por la labor. Para algunos como es mi caso es increíble que este partido con ínfulas de cambiar algo en el país vaya camino de convertirse en un partido bastante más allá de inútil. En un partido intratable. De nada valió su alianza con el PSOE de Sánchez salvo para que ahora haya perdido ocho escaños, y de nada va a servir el infantilismo que sigue mostrando. Tiene la oportunidad de ayudar a la gobernabilidad del país, tiene la posibilidad de contribuir a mejorar las políticas destinadas a impulsar la calidad del sistema democrático, tiene al alcance de la mano la mayoría de edad entrando en el gobierno, con varias carteras, incluso con la vicepresidencia que parece que le ha ofrecido tan generosamente Rajoy.

Pero nada, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Una pena, un error histórico sobre todo viniendo de alguien que se comió a la UPyD de Rosa Díez y que debería saber algo de estas cosas. Cuando te conviertes en un partido inservible -que pierde a borbotones la relación con quienes te votan y se convierte en una formación endogámica, que trabaja para la nomenclatura, sin contacto con la sociedad a la que sirve- cuanto te conviertes en un tapón -y sobre todo en el caso de Ciudadanos, que es un partido de aluvión, sin las ideas claras, sin una definición rotunda, sin un proyecto concreto- pues estás cada vez más cerca de tener los días contados, que es lo que le ocurrirá si por desgracia acabamos en otras elecciones.

Miguel Angel Belloso (  Expansión )

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