Albert Rivera y su ego inabarcable

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Albert Rivera y su ego inabarcable.

Me cargan los perfectos de camisa blancas pelo recortado y uñas de manicura. Me fío más de los que cometen errores y se arrepienten que de los que van puros e impolutos y jamás han pecado, o eso dicen.

Siempre me cayeron mejor las buenas putas que sus Torquemadas que quieren condenarlas a la hoguera, a pesar de que , cuando nadie puede verlos, actúan como sus clientes habituales.

En política no existe ese mundo feliz que imaginó Aldous Huxley, y creo que caminar hacia él supone hacerlo mejor entre todos sin que nadie se crea perfecto ni con derecho a dirigirse en juez de la horca, como Roy Bean.

No creo en los mesías modernos porque el único que históricamente existió abrazaba a los leprosos, perdonaba a las meretrices  y azotaba a los mercaderes en el templo, por eso, y algunas cosas más, he de decir que me da muy mala pinta el chico guapo de esta película que se mantiene en su posición de repartir carnés de decencia política como si él y sus cuates estuvieran libres de todo pecado.

Han pasado solo unas horas desde que se oficializó el fracaso de los políticos en administrar el resultado electoral, y lo primero que ha dicho Albert Rivera es que va a mantenerse en sus trece porque o echan a Rajoy o que no cuenten con él, que se sigue creyendo el rey del mambo, aunque es el último de la fila.

Yo entiendo perfectamente la actitud de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias porque son coherentes con su ideología y su estrategia política, pero pienso que la marca blanca del PP que se alimentó de no pocos tránsfugas del partido de Rosa Díez y otros que aspiraban a cambiar de barco con armas y bagajes, podría al menos esperar a que se abran las próximas urnas antes de ir de doncella exquisita y alumna de las ursulinas.

En el fondo lo único que echo de menos es que no se guarde el luto del fracaso postelectoral de todos los partidos políticos en España cuando el difunto aún está sin enterrar, porque los que asisten atónitos al sepelio es posible que piensen que no es el momento de recordar que la viuda le ponía los cuernos.

Es muy probable que sobre Rajoy y quizás acabe por estar de más Pedro Sánchez si lo deciden así sus partidos, porque me malicio que ambos son incapaces de renunciar por sí mismos para que al final España tenga un gobierno, pero también es posible que Albert Rivera tenga que mirarse menos al espejo de la estética y debería echarle de vez en cuando un vistazo de reojo al de la coherencia.

Diego Armario

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