Alianzas negativas

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Alianzas negativas.

La formación del nuevo Gobierno está resultando extremadamente penosa porque se basa en una actitud negativa. El axioma es: “No debe gobernar el partido que ha recibido más votos”. Es una donosa interpretación de las reglas democráticas. No me vale el argumento de que el PP está sumido en la corrupción: todos los partidos que han tocado poder se han enfangado en corrupciones diversas. Para coaligarse en una disposición negativa se necesita cultivar el rechazo, el odio, el resentimiento. El PSOE constituye una gran escuela para la práctica de tales virtudes políticas. No es ironía: a través de ellas se llega al poder.

No es casual que el pegamento que une a las fuerzas dispuestas a constituir el nuevo Gobierno se apoye en elementos negativos. Anoto: desalojo del PP, lucha contra la corrupción, derogación de leyes, supresión de las Diputaciones, congelación de los desahucios, eliminación de los símbolos del régimen de Franco. Recordemos la frase de los líderes socialistas ante la posibilidad de colaborar con el partido más votado: “No; quiere decir no”. Se comprende. En el caso afirmativo Sánchez tendría que ser vicepresidente con Rajoy, es decir, con la persona que más odia. No me los imagino sentados juntos en el banco azul. Claro que tampoco me cabe en la cabeza la imagen de que la pareja sea Pedro Sánchez y Pablo Manuel Iglesias.

Las alianzas que se basan en actitudes negativas suelen ser efímeras, débiles. Es ley psicológica tan firme como la de la gravedad. La política del PSOE es así de contradictoria: “No hay que poner vetos”, excepto al veto de Sánchez contra Rajoy. Y luego están las “líneas rojas” de todos contra todos.

Al final lo más probable es que se imponga la fórmula portuguesa: el país se siente conservador, pero lo van a gobernar los de la izquierda. Puede que no sea ahora mismo, pero sí después de otras elecciones. Es algo que maravilla a los europeos boreales. Por esos tenemos tantos turistas guiris.

Amando de Miguel ( Libertad Digital )

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