Amor, felicidad y política

aycarlo

Amor, felicidad y política.

Las declaraciones de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, en las que dice cosas tan sublimes como: «Estoy enamorada de la posibilidad de la aventura personal»; «me niego a tener enemigos»; «hay poco miedo en Madrid. Hicimos una celebración poética en el Retiro. ¡Qué felicidad había allí!». ¿Quién puede estar contra ello? ¿Quién no se conmueve ante tanta ternura e ingenuidad?

Pero esta misma señora tiene en su consistorio a personas que hacen chistes de los judíos quemados en hornos crematorios, que asaltan lugares de culto para mofarse de sus fieles, que frenan a los policías municipales cuando intentan mantener el orden público. ¿Cómo se explica? Pues muy sencillamente: la izquierda predica el buenismo, pero practica la violencia. Es más: se cree autorizada para usarla por una supuesta superioridad moral una vez que alcanza el poder. Se ha dado siempre, sin excepción, en todos los tiempos y latitudes. Promete «paraísos del proletariado» y lo que trae son campos de concentración.

Habla de amor, de felicidad, de hermanamiento, y lo que hace son listas de «disidentes a purgar» y «enemigos a eliminar». A lo que añadir algo muy importante: los mismos que han llevado a la doña Carmena a la Alcaldía madrileña llaman a Otegui hombre de paz y se niegan a condenar los crímenes de ETA, uniendo al dolor de sus víctimas el escarnio y la humillación. ¿Es eso amor? ¿Consiste en eso la felicidad? Pues vamos listos.

José María Carrascal ( ABC )

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